Por Andrés Vera Díaz
Miguel Varela Pinedo, quien se dice el gobernante de la capital zacatecana ha recibido un duro golpe a su realidad alterada. El niño azul, que ahora pretende modificar su mote al de “señor azul” con singulares entrevistas a modo, admite que al PAN no le alcanza para contender de manera solitaria en el proceso electoral 2027.
Sus “asesores” le han endulzado el oído, mintiéndole sobre la posibilidad de ser el próximo gobernador del estado. Lo mantienen en reflectores sin credibilidad más que en el público coptado, que no refuerza ni en un grado básico, la idea de extender simpatías más que por simplona animadversión.
El 26 de septiembre pasado, Varela mandó a su peón Aldo Peláez a replicar en un escuetísimo boletín de prensa, que el PAN pausaba su alianza con el PRI. Sin mera explicación formal, sencillamente formaba parte de la estrategia previa al “relanzamiento” del PAN. La única razón fundamental, es adentrarse en los terrenos de la ultraderecha sin pudor alguno.

De facto, el PRIAN continúa operando en sintonía, la muestra más palpable es la mal llamada marcha de la Generación Z, en la que la narrativa es al unísono, pero intentan mostrarse coyunturalmente como fuerzas individuales. Mentira, la supuesta ruptura intenta recapitalizar adeptos ante el desencanto de sus propias bases y la ruta al borde del desquicio que ha emprendido el dirigente nacional del PRI.
Pero a colación de lo estatal, Varela no había medido las consecuencias directas de la promoción divisora. El PRI, con cinco votos en el cabildo capitalino fácilmente podrían haber metido más en una crisis de gobernabilidad interna al Ayuntamiento. Con el mensaje evidente para que el PRI retirase a la diputada Dayanne Cruz del grupo parlamentario del PRD -que estaba a préstamo en términos políticos-, se proyectaba un rompimiento tácito.
Varela tuvo que revirar, señalando tímidamente que la separación no era un hecho manifiesto. La aparente calma en la tormenta parecía dirimir una rebelión interna, porque no solamente Varela no sabe construir una plataforma impulsora, sino que se limita a pequeñas ínfulas para autoconvencerse de que es la única oposición real.
Ahora, el tlaltenanguense emite un guiño al PRI de nueva cuenta, porque entre sus malos cálculos políticos, aún y con su “basta expertise”, preguntaba a viejos políticos y plumas compradas, si una alianza con MC era más factible que con el tricolor. Los números hablaron por sí solos, pero más allá de que esa hipotética comunión se reafirme electoralmente, Varela desliza que su realidad pesa más que la refriteada estrategia de presentarlo como “disruptivo” ante los constantes berrinches y contradicciones pragmáticas. Intentaron aplicar la misma de Xóchitl Gálvez, con la singularidad de que son puras estridencias y ruido mediático.
El nuevo coqueteo se asienta en tiempos en los que Carlos Peña fue activado para permear en el priismo. Ante la indecisión de Adolfo Bonilla- quien espera catapultarse en una alianza cada vez más lejana con el PAN y MC-, la ruta adelantada en Morena requería de meterse en la dinámica de la percepción, sobre todo, cuándo entre sus propias plumas, se expande la idea de la desarticulación de la oposición. Así pues, en la víspera de que en dado caso, Fito retrocediese ante la falta de una coalición por lo menos, entre dos partidos, era necesario reemitir la necesidad de ir en conjunción. Varela necesita a Fito más que al contrario. El acuerdo que mantienen ambos para medirse en una encuesta, el niño azul lleva las de perder, por eso requiere una alianza con el PRI, mínimamente para negociar la reelección o retornar a una diputación federal, porque esa es su única vía posible.
En dado caso, competir de manera unitaria, no le garantiza nada, pese a la supuesta intención de voto del PAN para 2027, que en las encuestas más cuchareadas colocan al blanquiazul en un 17 por ciento de preferencia, evidentemente se trata de incidir en la percepción, pero si fuesen reales esos números, ¿para qué entonces recular en la necesidad de una coalición?
Varela necesita del PRI, quien lo llevó gracias a sus votos a la presidencia municipal, pero tampoco es que promoviendo la reedición 2027, tenga una posibilidad clara de ser el candidato. Ni siquiera, que Fito en una hipotética alianza McPAN logre endosar estructuras priistas o capitalizar indecisos, le permitiría a Varela catapultarse, pues la proyección de apoyo es más evidente hacia el empresario televisivo que para el tlaltenanguense.
A Miguel le quedan opciones que tal vez, con alianza logre asentar, reelección con una alta probabilidad de perder, diputación local o federal. El fuero a toca costa, pero con pocas canicas en mano. La declaración emite además, que la búsqueda de su supervivencia debe pasar por encima de Noemí Luna, quien por cuestiones de género, debería entonces competir por algunos de los cargos mencionados.
Pero se añade otro elemento curioso. Hace pocos días, la vicecoordinadora en la Cámara Baja, dijo que el PAN estaba fuerte en Zacatecas, que “por sí solo va a ganar” en la próxima contienda por la gubernatura. La intención de voto en la mayoría de las encuestas contrarían esa afirmación, y entre que emiten sensacionalismos, la realidad le ha pegado duro a Varela, quien entre su estrategia comunicativa es presentarse con uno de los mayores mentirosos y manipuladores comentócratas de la derecha, Carlos Alazraki, personaje volátil que no regala ni el saludo.
Varela mantiene una esperanza oculta. Que sean ciertos sectores morenistas y petistas los que lo acompañen en su afanosa búsqueda de la candidatura a gobernador, en caso de que La Secta imponga a Verónica Díaz y se rompa hasta el propio monrealismo. Entiende que en este escenario, dichos sectores tampoco acompañarían a Fito como un endoso a perder hegemonía caciquil, pero, en tal palestra, Fito seguramente retirará sus activos, en el que en todo caso, quedamos donde mismo, Varela en la antesala de una derrota firme.
Varela admite de facto, que no es el gran fenómeno político que Zacatecas esperaba, de hecho, ni siquiera se acerca con todo y cargo, a lo que representa Fito Bonilla sin tener un espacio público desde hace más de cinco años. Que trancazo tan «disruptivo».















