Por Dra en Derecho Maricela Dimas Reveles
La paz es un concepto fundamental en la sociedad, que ha sido perseguido a lo largo de la historia por diferentes culturas y civilizaciones. En el ámbito de los derechos humanos, la paz se considera un objetivo primordial, ya que sin ella no se pueden garantizar ni proteger los derechos fundamentales de las personas.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos proclama en su preámbulo que la paz es un valor supremo que debe protegerse y promoverse para asegurar el disfrute pleno de todos los derechos humanos. De hecho, el respeto a la dignidad humana, la igualdad, la libertad y la justicia son componentes esenciales de la paz.
La paz no se limita únicamente a la ausencia de conflictos armados, sino que implica la construcción de sociedades justas, democráticas e inclusivas, en las que se respeten los derechos y las libertades de todas las personas. En este sentido, la promoción de la paz va de la mano con la promoción de los derechos humanos.
La paz como objetivo de los derechos humanos implica la adopción de medidas concretas para prevenir y resolver los conflictos de manera pacífica, así como para garantizar la justicia y la reconciliación en las sociedades afectadas por la violencia y los conflictos trabajando en la eliminación de las causas estructurales de los mismos, como la desigualdad, la discriminación y la exclusión social.
Para lograr la paz como objetivo de los derechos humanos, es necesario el compromiso de todos los actores sociales, incluidos los gobiernos, las organizaciones internacionales, la sociedad civil y el sector privado. La cooperación y la solidaridad son fundamentales para construir un mundo más pacífico y justo para todas las personas.
En este sentido, es importante fortalecer los mecanismos de prevención y resolución de conflictos, así como promover la cultura de la paz y el diálogo como medios para solucionar las diferencias y alcanzar acuerdos sostenibles. Asimismo, se deben promover y proteger los derechos humanos de todas las personas, sin distinción de ningún tipo, es necesario promover la participación y el empoderamiento de las mujeres, los jóvenes y otros grupos vulnerables en la construcción de la paz, ya que su inclusión y liderazgo son clave para garantizar una paz duradera y sostenible. Asimismo, es necesario abordar las causas subyacentes de los conflictos, como la pobreza, la exclusión y la falta de oportunidades, para construir sociedades más justas y equitativas.
TODOS LOS DERECHOS PARA TODAS LAS PERSONAS.















