Por Lago La Encantada
- Columna donde ahogar las penas no cuesta nada
Para merecer hay que cumplir y en la UAZ eso parece que no aplica porque la crisis permanente en la que se encuentra es producto de un descuido financiero imperdonable que se traduce en un modelo administrativo y académico que no responde a sus propias necesidades ni a las de Zacatecas.
La manifestación cíclica del personal académico, su planta administrativa, personal de apoyo y eventuales es una película anual que la única solución inmediata a su problemática ha sido la petición de recursos económicos al estado y la federación.
Antonio Guzmán Fernández, como rector universitario sabe, desde muchos años atrás, que la querida Universidad Autónoma de Zacatecas arrastra un vicio que le ha dañado sus finanzas. El Sistema de Pensiones es el talón de Aquiles que le fagocita muchos de sus recursos económicos y ese lastre lo tiene ahogado al punto de llegar a la quiebra.
Desde tiempos de Virgilio Rivera Delgadillo la deuda comenzó a incrementarse y el primer aviso de escándalo fue por 50 millones de pesos, después ésta se elevó con Rogelio Cárdenas, Alfredo Femat y los subsecuentes rectores a una cifra superior a los 350 millones de pesos. De esa cifra, no sólo se sometía a una crisis financiera a la Institución sino que la preocupación llegó al estado porque entonces el problema se extendía hacia el tema académico.
Ya con Francisco Javier Domínguez y Armando Silva, esa crisis exigía una solución de fondo hasta ser una necesidad imperiosa, necesaria, urgente y sin tiempo de espera como prórroga: Una Reforma Administrativa y Académica.
Los años seguirán su curso y de no impulsarse una Reforma Integral en la UAZ el circo de la pedidera continuará. Para iniciar el proceso de saneamiento se necesita tomar las responsabilidades que a cada uno corresponden, comenzando por el Consejo Universitario que se ha comportado, históricamente, como un organismo de intereses de grupo-familia dejando de lado su papel real de «máxima autoridad».
Qué ha pasado con el compromiso social universitario, por qué no se transparenta el manejo financiero, por qué no se ha aclarado su involucramiento en la estafa maestra, cuántos pensionados y jubilados continúan ocupando una plaza y se les paga doble salario, a quiénes se les sigue otorgando cupo en la nómina a pesar de haberse liquidado sus prestaciones en años anteriores, esas son líneas que deberían someterse a un esquema de aclaración para dejar en pista firme una solución real a la Universidad Autónoma de Zacatecas.
Pedir y pedir no ha sido un camino fácil pero sí es la única vía que se elige desde el interior de la propia Universidad que mucho le debe a Zacatecas y ojalá que en lo inmediato se fije un esquema programático de acciones correctivas a los miles de vicios existentes en la mentada «guaz» que se ha convertido en una Institución con células de autogobierno financiados por impuestos de los zacatecanos sin que nadie exija cuentas claras.
Habrá voces defensores de la autonomía pero es necesaria, obvia y urgente la intervención de nuestros representantes populares para exigir a la UAZ reencausar su rumbo y que al interior de su Consejo General haya presencia de un representante externo con calidad moral para que los que pagamos impuestos tengamos voz y voto.
Los resultados de la autonomía han sido financieramente desastrosos, y a pesar de los múltiples académicos con doctorados y maestrías por haber, pasando por catedráticos de gran nivel y conocimiento vasto, la crisis es una realidad como también lo es el que la UAZ le ha quedado a deber, y mucho, a la sociedad en general.














