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La verdadera infamia


La verdadera infamia
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Análisis

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Por Andrés Vera Díaz

 

 

El primer capítulo no inicia en las primeras páginas del nuevo libro de Ricardo Monreal titulado “La Infamia”, sino el 10 de julio, cuándo el senador sostuvo una charla con tres periodistas y comunicadores para intercambiar impresiones sobre el proceso electoral en el 2021, cuya aspiración familiar sigue encaminada a la perpetuidad del apellido.

En esa ocasión, aunque después se haya contradicho, Monreal contó las intenciones de dar a conocer los nombres de quienes fueron “traidores” a la marca. El valor de sus palabras en ese momento, advertía la necesidad de limpiarse las manos ante un posible nuevo fracaso electoral de David por el grupo de arribistas que tiene secuestrado al fracasado excoordinador nacional de Ganadería.

La lectura era obvia, Ricardo pretendía desmarcarse por anticipado de la volatilidad política de ese grupúsculo mediático para que no fuera desde su individualidad, el nuevo causante de otra derrota. En 2016, prácticamente fue él quien por medio del ya famoso “levántate David”, ocasionó que Tello obtuviera el triunfo. Y aunque ahora, el senador quiera “culpar” a la guerra sucia de sus adversarios y “ahora” neosocios, no puede negar la realidad de sus palabras, porque entonces, negaría el hecho de que en realidad David no ha tenido la capacidad para hacerse llegar de cuadros realmente significativos en el discurso propagandístico del “cambio”.

Extraño resultó, que 15 días después, el exgobernador cambiara radicalmente su postura y sólo reafirmara dos nombres. La comisionada del IZAI que operó contra la marca en su calidad de contralora (porque finalmente siempre cambia de bando cada sexenio) y uno de los más oscuros personajes de la política local. Víctor Armas, quien en plena campaña acusó a los Monreal de nexos con el narcotráfico pero ahora, trata de colocarse en nuevos escenarios para expiar posibles auditorías severas por el caso Milpillas y convenios exorbitantes sin merecimiento cronológico o de valor informativo con su medio de comunicación.

Y aquí entonces, viene el meollo del asunto. Ricardo en la entrevista radiofónica con Esparza, dio a conocer como “novedad” su libro en el que finalmente ya no evidenció los nombres que sí había mencionado en la charla con quien redacta, Gabriel Contreras y Verónica Trujillo. Claro está, que desde esa oportunidad, era de alguna forma, la última “revisión” editorial del texto. Dar a conocer a los repudiados por su persona, medía las consecuencias políticas y al mismo tiempo, comenzaba a emitir el mensaje de rendición y culto a sus pies, pues finalmente, llamó a que “le pidieran perdón” por los pecados cometidos en perjuicio de lo que el ha catalogado como guerra sucia.

Ese es el tema principal del libro, no es una narrativa de sucesos históricos que han envuelto a la marca, sino claramente es una expiación de errores asumiendo que los contextos le fueron adversos sin asumir las decisiones propias y evadiendo a priori en los párrafos de una prosa sin esencia rítmica, que fue el mismo David quien pactó con Miguel Alonso para que uno de los gobernadores más corruptos de la historia , asumiera el poder. De igual forma, el caso de los hermanos Guardado, cuya explosión se colocó en la palestra de los escándalos públicos cuando en 2013 sale a la luz un supuesto complot para asesinar a Ricardo y Saúl. El 9 de diciembre de 2012, en Zacatecas, el empresario Arturo Guardado Méndez contrató a dos pistoleros para asesinar a Ricardo, David y Saúl Monreal Ávila. La razón: vengarse de ellos por presuntamente haber “desaparecido” a su hermano Juan Carlos dictaban medios nacionales. Al día, el caso quedó en el olvido pero como siempre, en ese entonces, el ícono del monrealismo utilizó ese hecho como propaganda de victimización.

Uno de los que más lustre le ha sacado Ricardo en su libro, es el caso de la bodega cuya propiedad de uno de los hermanos, Cándido, presuntamente albergó varias toneladas de marihuana. Éste hecho es remarcado como una patente de guerra sucia contra la familia en el año 2009, y que bajo las insidiosas palabras ocultas del senador, ese sería el síntoma de la derrota en 2010, sin embargo, la realidad es que la estructura no le daba el plus necesario a David y ellos lo sabían de antemano. Tanto así, que un pacto político que el mismo Saúl y Pedro de León cuajaban para que la marca obtuviera posiciones de importancia en el congreso local fuera dirimido por el propio David, quien luego le levantara la mano a Alonso sin creces. Simplemente, el fresnillense no pudo capitalizar la entrega de la candidatura, además reprochando que entre la misma familia lo habían vendido. Que gran contradicción.

Lo verdaderamente infame, es que tras las palabras de Ricardo con los tres comunicadores (de las que hay certeza máxima), no solamente deja un calado hondo en hacer parecer a David como un niño sin capacidad de decisión en anteriores procesos, sino que además, al señalar que David decidirá quien forme su grupo, da permiso implícito a la impunidad y corrupción. Implicados en empresas fantasmas beneficiadas con el Crédito Ganadero, vinculados a la Estafa Maestra que ridículamente alegan en procesos legales que le falsificaron firmas y otros que lucran de forma corriente pidiendo mochecitos en programas federales, son quienes han obtenido el perdón del Papa monrealista, Ricardo se equivocó al pretender legitimar sus palabras con plumas creíbles y luego buscar la crucifixión de las mismas negando lo que en verdad dijo. Para chamacos, David, senador.