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Morena, la fe como derecho: Primera parte


Morena, la fe como derecho: Primera parte
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Análisis

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Por Andrés Vera Díaz

BOA, TUCOM, FRENAAA, movimientos inherentes a la búsqueda de poder. Generalmente tienen la intención de coptarlo para intereses de grupo y otros individuales bajo la retórica del bienestar común, comúnmente no para todos.

De ahí se derivan manifestaciones “ideológicas” que hasta se contraponen unas con otras, aunque el discurso general sea enfocado en un supuesto pilar único, las aristas exhiben que solo sirve la idea base como forma de propaganda y reclutamiento para amalgamar favoritismos, fuentes de negociación y aspiraciones personales.

“El fin justifica los medios”, la doctrina maquiavélica que hasta nuestros días -porque es humanamente natural- se aplica en medida directa a la ambición por el poder, y aunque la 4T pareciera que se enfoca en el carácter humanista de la administración del poder, su lenguaje construido desde la moralidad, la fe y la confianza implícita no reside desde su origen en los representantes de dicha “metamorfosis”, solo es un campo de cultivo transgénico.

El párrafo anterior es materia de un debate extenso, en el que podríamos contraponer doctrinas como el zoroastrismo, cristianismo y otras, que encajan perfectamente para “controlar” masivamente a un pueblo como el mexicano, cuya idiosincrasia en lo general, sustenta su propia existencia en la fe, porque simplemente, la realidad circundante no le es satisfactoria.

Y bueno, ¿que “diablos” tiene que ver esto con las aspiraciones políticas de ciertos grupos?. Es precisamente, como el juego de la retórica discursiva antepuesta a principios doctrinarios, el que se impone como la razón primordial para la subsistencia de sus predicadores. Morena comenzó como una alternativa de cambio verdadero. El fondo era una transformación total del sistema político aparejado del poder económico, trascendiendo el mundo de los intereses particulares al bienestar común, pero eso solamente quedó en el papel luego de la victoria de AMLO.

Hoy, sus axiomas se constituyen como postulados o mandamientos, los cuáles, si son violados por pecadores, tienen la singular característica de obtener el perdón siempre y cuándo tengan la venia del pastor, y eso, precisamente, ha fomentado que pequeñas sectas se unan al clamor de la moda popular, como forma de supervivencia y trascendencia en el tiempo. Por ejemplo, el partido Verde que hasta hace un año y medio era fiel seguidor del “demonio priista”, optó por hincarse ante la nueva fe. Absuelto de sus pecados, no solamente ha sido recibido en el seno de la “redención”, sino que tiene el permiso de pecar por una autorización “divina” desde el Palacio Nacional.

Esta singular forma de contravenir los “principios doctrinarios” de Morena desde sus “pastores”, emite el mensaje que solamente aquellos bendecidos por su autoridad moral pueden aventurarse a navegar por las aguas del averno sin consecuencias de castigo bíblico, He ahí, que sin pudor, se adentraron en la construcción de un nuevo frente de alianza desgajando al PES de su participación, y en este sentido, la adhesión a singulares grupos de poder sin una identificación ideológica plena más que la de obtener el poder por el poder, enfrascó a otros militantes de la nueva fe a cuestionar tibiamente la incorporación de predicadores cuyas palabras anteriores iban en contra de la naturaleza misma.

Hace días, el Verde se sumó como parte de esa búsqueda inmoral por el poder, abducido por sectas multicolores que bajo su historial de hechos, se han dedicado a contradecir el evangelio de la Cuarta Transformación. Corrupción, prepotencia, altanerismo, administración de bienes y recursos condicionados, trampas y engaños son demostrados una y otra vez.

Solo algunos que se asumen como una especie de “orden franciscana” (y sin contrariar la bendición lopezobradorista al arca de la alianza), tratan de mitigar con mensajes duales el pregonero monrealista de la asunción a priori del poder. Por un lado, defienden los principios básicos de Morena, por el otro, rechazan y admiten por la misma razón, conjunciones con la otrora “mafia del poder”. Y es que, es en términos de logotipos como anteriormente se catalogaba así a los enemigos de la pureza moral.

En este frente, se advierte que es solamente contra quienes dentro del mismo seno de la fe, la lucha por evadir la imposición de percepciones de una victoria cocinada en las entrañas del infierno es la primordial, y hasta el momento, pareciera suficiente para defender su propia “visión” de un puritanismo llevado a medias.

No es secreto que las pugnas entre personajes al interior de la iglesia morenista tienen la ya consistente dinámica de aferrarse a un ideario que pareciera común aunque en los hechos disten de tener congruencia, sin embargo, en tiempos de un divisionismo latente, alimentado desde su mismo origen, la elección no puede dejarse a un lado, y es triste, que bajo esos términos debe hacerse. Regresamos a los tiempos de: “elegir al menos peor”.

… continuará