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Día de la libertad de expresión; una relación complicada con AMLO


Día de la libertad de expresión; una relación complicada con AMLO
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Análisis

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México aún es el país más mortífero para los periodistas en el hemisferio occidental. Con una violencia en aumento, la situación preocupa a las organizaciones de Derechos Humanos, que le exigen mayor compromiso al Gobierno de López Obrador.

Desde 2018, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se posesionó como presidente de México, el mandatario ha dado un giro de 180° en lo que respecta a la relación que los anteriores gobiernos mexicanos habían mantenido con los medios de comunicación.

En comparación con el hermetismo que caracterizó a la presidencia de Enrique Peña Nieto, quien realizó contadas comparecencias públicas durante su sexenio, AMLO, por su parte, se ha caracterizado por la búsqueda de un modelo más abierto y próximo a la ciudadanía.

La insignia de este modelo son las llamadas conferencias 'Mañaneras', toda una marca del nuevo presidente. Se trata de las comparecencias de prensa que el mandatario ofrece todos los días de lunes a viernes a las siete de la mañana ante periodistas de todos los medios de comunicación que quieran asistir.

Muchos las consideran un gran ejercicio democrático: "Ningún presidente mexicano ha mostrado ese tipo de apertura hacia la prensa (...) Es algo que aplaudo y que creo que ayuda en, por lo menos, definir una nueva política en materia de acercamiento a no solo los reporteros, sino también a la ciudadanía", sostiene Jan-Albert Hootsen, de la organización para la libertad de prensa Committee to Protect Journalists (CPJ).

Sin embargo, tal y como señala Hootsen, "la política de comunicación de este Gobierno también genera varios problemas", especialmente en lo que se refiere al tono hostil que ha utilizado López Obrador en distintas ocasiones para contestarle a algunos periodistas críticos con su gestión. El mandatario ha utilizado expresiones despectivas como "el hampa del periodismo" o "prensa fifi" para desprestigiar, principalmente, a medios conservadores.

Pero los desplantes no se quedan ahí, meses atrás López Obrador dijo, ante una centena de comunicadores, que ellos no solamente eran "buenos periodistas", sino que además eran "prudentes" y añadió "si ustedes se pasan, pues ya saben lo que sucede". Sus palabras levantaron rápidamente una tormenta de críticas en las redes sociales.

En otra ocasión, el presidente fue ampliamente cuestionado por haber pedido al diario Reforma que revelara sus fuentes después de que el medio de comunicación publicara la carta privada que López Obrador envió al rey de España en la que este pedía a la Corona española que se disculpara por los crímenes cometidos durante la Conquista.

Todos estos actos, sumados a una sistemática narrativa de deslegitimación, se vuelven alarmantes, sobre todo, porque como señala Hootsen, las palabras del mandatario son vistas "por seguidores fanáticos del presidente como una luz verde para generar campañas de desprestigio contra la prensa considerada hostil", algo que se traduce en agresiones en la red contra estos periodistas.

Si bien, por el momento, esa violencia no se ha traducido en actos físicos, son cada vez más las voces que consideran que esa narrativa, además de ser indigna de un jefe de Estado, incrementa la inseguridad que ya de por sí viven muchos de los periodistas en México. El país, según señala Reporteros sin Fronteras, es -a excepción de los Estados en guerra- el más mortífero para aquellos que ejercen esa profesión.

México es uno de los países más peligrosos para ejercer el oficio del periodismo. La organización Reporteros Sin Fronteras sitúa al país en el sitio 144 de 180 países en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2019.

En el 2018, ocho periodistas mexicanos fueron asesinados y fue el segundo país con mayor número de asesinatos por debajo de Afganistán. Según datos de la organización no gubernamental Artículo 19, defensora de los derechos de periodistas, 99.3% de los asesinatos de periodistas no se investiga de manera exhaustiva, imparcial y objetiva. Hasta fecha actual, junio 2020, van 15 periodistas asesinados.

Crítica, pertinente pero en ambos sentidos

No es ningún secreto que al presidente Andrés Manuel López Obrador le molesta la prensa crítica. Una y otra vez, desde sus conferencias, ha aprovechado para atacar tanto a medios como a periodistas en particular. Es algo que a mucha gente le preocupa y le parece inadecuado. Sin embargo, hay que decirlo: está en su derecho.

Hoy, 7 de junio, se conmemora el Día de la Libertad de Prensa. Es un día para recordar los avances que hay en el mundo sobre la capacidad de los medios de fiscalizar al poder, de revisarlo y de contrarrestarlo. La prensa tiene no solo el derecho a criticar a los poderosos, sino la responsabilidad de hacerlo. Pero la prensa, también, debe estar dispuesta a ser criticada desde el poder.

Libertad de expresión, sin la cual no existiría la libertad de prensa, es un derecho fundamental que tenemos todas las y los mexicanos, incluido el presidente. Para exigir que se respete nuestro derecho a manifestar nuestras ideas es indispensable respetar y defender el derecho que tienen otras personas a no callar las suyas.

Es indispensable señalar que la persona que ocupa la presidencia tiene todo el derecho a expresar sus opiniones, de la misma manera en la que los medios de comunicación o cualquier ciudadano tiene el derecho a manifestar las propias.

La libertad de expresión es indispensable para una sociedad democrática porque permite el libre flujo de ideas. Es necesario para el desarrollo de la educación, la cultura y la ciencia. Además, es la base sobre la que se construye la participación política: para poder discutir sobre cómo queremos que sea el gobierno necesitamos poder decirlo públicamente.

López Obrador no es delicado ni es sutil. Sus críticas a los medios son directas y muchas veces no son justas. Son ataques personalizados que parecen tener más la intención de desprestigiar a la prensa o a la oposición que la de confrontar ideas. Sin embargo, eso sigue siendo parte del juego democrático.

Por ejemplo, el presidente criticó a la revista Proceso por una foto de portada que no le gustó. “No, no, no. Si viviera Don Julio (Scherer) se volvería a morir... Se enojan mucho conmigo, pero siempre digo lo que pienso y también lo digo con todo respeto, es Alarma!”.

Días después, volvió a referirse a Reforma como ejemplo de uno de los medios conservadores a los que tiene el derecho de replicar. En la misma conferencia de prensa señaló que los apoyos que da el gobierno a una parte de la población no se conocen porque los medios “no ayudan a informar, todo lo ven mal y son puros ataques”.

Fuertes señalamientos presidenciales, pero en ambos casos, López Obrador aludió explícitamente a su derecho a expresarse libremente para contestar las críticas que se hacen de su gobierno.

“Está bien, es libertad de expresión por encima de todo, sin escrúpulos morales, sin ética. Y yo no censuro nada, nada, nada, prohibido prohibir, pero sí hay que debatir todo esto”, dijo.

Tiene razón. El debe poder hacer estos señalamientos. Así como la prensa debe tener el derecho a replicarle.

Todo acto de censura, por mínimo que sea, atenta contra la libertad de manifestar nuestras ideas. Para que los medios podamos ejercer nuestro derecho a la expresarnos libremente necesitamos respetar que el gobierno haga lo propio y se manifieste abiertamente. Pedir que López Obrador deje de ejercer ese derecho se contradice con la exigencia de que se respete para los medios de comunicación o la ciudadanía.

Es mejor un país en que el presidente critica a la prensa y la prensa al presidente, que un país en el que todos guardan silencio. Esto es crucial para que podamos construir un espacio público diverso, plural y democrático.