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Un concierto caprichoso; control político e incongruencia


Un concierto caprichoso; control político e incongruencia

Por Andrés Vera Díaz

 

“Agua de las verdes matas, cabrona

No llores porque me matas

Agua de las verdes matas, cabrona

No llores porque me matas

Aunque te mire parada, cabrona

Me gusta mirarte a gatas

Aunque te mire parada, cabrona

Me gusta mirarte a gatas

Ay ay ay

Me gusta mirarte a gatas

Ay ay ay

Me gusta mirarte a gatas

En el arbol de mi casa, cabrona

Tengo un caballo tordillo

En el arbol de mi casa, cabrona

Tengo un caballo tordillo

Para montarlo seguido, cabrona

Como me enseñe contigo

Para montarlo seguido, cabrona

Como me enseñe contigo”

Fragmento canción La Cabrona de la Banda Jerez. Si esto no es misoginia, ¿qué es entonces?.

Un evento sacado de la manga fue publicitado en redes sociales para otorgarle un “reconocimiento” a Marco Flores, líder de dicha agrupación musical -si ese que fue candidato a Gobernador por un partido ultraconservador – como una forma de ceder a los caprichos de su hermana, la regidora Nancy Flores a cambio de que un voto, un simple voto no cambiase el transcurso de los asuntos al interior del cabildo capitalino.

Y no solamente el silencio y por ende, la complicidad de funcionarias feministas del Ayuntamiento fue característico, sino que minimizar a la Plaza Miguel Auza como escenario de eventos con alta calidad cultural pone en entredicho los eslogan de la administración.

Desde meses atrás, la idea de reconocer a Flores surgió al interior del cabildo, rechazado en tiempos por conflictos políticos que eran prioridad, pero ahora, tras el cierre del año fiscal y en la conveniencia del receso vacacional, se dio entrada nuevamente a un acto ultra popular coincidente en día con actos feministas como la exigencia a despenalizar el aborto y la presentación en Zacatecas de un himno viral que forma parte de una manifestación global cuyo objetivo es la unidad de género y el rechazo tajante a la violencia contra la mujer, pero, horas después se le otorga un reconocimiento a un cantautor que enaltece la cultura de la misoginia, el machismo y la correlación con la degradación a las propias féminas.

Sin duda, una pifia enorme del alcalde Mejía Haro que inclusive, tuvo que convocar a la plana mayor de su administración para engordar un evento que va en contra de las múltiples declaraciones y programas que se han pregonado contra la violencia de género. Lo irónico y por demás preocupante, es que mismas funcionarias que abogan por los derechos igualitarios, una que inclusive encabeza el Instituto de las Mujeres Zacatecanas hiciera mutis al respecto por mera conveniencia política y económica.

Hace una semana aproximadamente, Ulises Mejía reiteró el compromiso de la administración municipal para emprender acciones que garanticen los derechos de las mujeres y la erradicación de la violencia feminicida en la capital. Esto en el marco de las jornadas por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en las que se realizó el foro ‘Preparadas para una vida sin violencia, derechos sexuales y reproductivos para jóvenes y adolescentes’, y ‘Violencia Digital’, organizado por el Instituto Municipal de las Mujeres Zacatecas que encabeza Emilia Pesci, activa feminista. Sin embargo, decidieron “matar” toda retórica y tiempo de los “compromisos” para reconocer la “música” de quien escribe:

“Ingrata, aunque quieras tu dejarme

los recuerdos de esos días

de las noches tan obscuras tu

jamás podrás borrarte.

Por eso ahora

tendré que obsequiarte

un par de balazos

pa que te duela.

Y aunque estoy triste

por ya no tenerte

voy a estar contigo

en tu funeral”.

Si esto no es promoción de la violencia contra la mujer, el enaltecimiento de una subcultura deformada en tiempos de alto riesgo para el género, entonces, ¿qué es?.

La trayectoria profesional musical de la Banda Jerez desde el punto de vista mercadotécnico y como fuente superficial de la fama por la fama no encaja en políticas públicas para la erradicación de la violencia de género, porque como dijera Noam Chomsky, “Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos”.

Hace dos años, entre grupos proderechos igualitarios, escandalizó la presentación de Calibre 50, otro grupo que fomenta la violencia hacia la mujer en la Fenaza, y reprocharon que la administración estatal fomentara este tipo de espectáculos. De igual forma con el cantante Ozuna, representante del género reguetón, cuyo principal atributo es “animalizar” a la mujer como un objeto sexual. El problema no radica en el dicho popular “en gustos se rompen géneros” ni en normalizar “la diversidad cultural” como pretexto para tolerar la deformación precisamente cultural de un pueblo en aras de alimentar la indiferencia, sexismo, clasismo, elitismo o hasta racismo. Tampoco se trata de advertir que aquellos que escuchan otro tipo de géneros poseen mejores valores sociales, sin embargo, la continuidad social reproduce patrones conductuales que demeritan en este caso en particular, “esfuerzos institucionales” por la equidad, la igualdad y el respeto.

Ciertos géneros musicales han sido presas fáciles de las críticas contra las letras misóginas y que incitan a la violencia de género. En años recientes, el reggaetón y la banda has sido unos de los más criticados. Sus detractores siempre apuntan al contenido sexista que objetiviza a las mujeres; otros utilizan el baile característico que acompaña a dichos géneros para juzgarlos y criticarlos, pero la misoginia ocurre tanto en el reggaetón, el rock y hasta en la trova en muchas ocasiones sin que tengamos plena conciencia de esto; entonces, ¿se podría plantear que solo cierto tipo de música es apta para ser escuchada?. No, porque debe ser por medio del gran fomento a otro tipo de expresiones culturales como se contrarresta el efecto de la viralización de la misoginia y la violencia. El problema radica pues, en que otorgar un reconocimiento institucional a un ícono de dichos aspectos, contradice toda la gama de acciones que van contra ellos precisamente, pues la masividad por cuestiones de empatía social tiene más peso que los cambios en estructuras que sugieren el abandono de muchas veces, lo único que provee de cierta satisfacción a grupos sociales específicos.

Las críticas hacia esta muestra y su selección musical no pueden esperar. Muchos justificarán que las canciones han sido sacadas de contexto y que esos fragmentos no reflejan el mensaje completo de las mismas. Sin embargo, el carácter misógino de estos versos es innegable, sobre todo cuando apuntan a una cuestión de violencia de género que normaliza los abusos, acosos callejeros, la degradación de la mujer, así como la violencia cultural en contra de éstas, porque este tipo de mensajes superan el plano de la música y de las licencias poéticas, especialmente en un contexto de violencia hacia las mujeres como el que se vive en México y América Latina.

El populismo entonces, justificado en que son formas de expresión que llegan a sectores sociales y cuya reciprocidad es electoral, de apoyo político o simpatía personal soporta su validez en el hecho de que, aún a pesar de estar en contra en la esencia de este tipo de manifestaciones musicales, no desequilibre la balanza en el cabildo capitalino en pro de un grupo que vela por intereses propios y que ahora, se dedica sin calidad moral, a reprochar un evento desfigurante sin que reprueben los contratos en el Senado de su principal “autor intelectual” por hacer nada.

Un concierto define el control del cabildo y las políticas públicas de un ayuntamiento, que bajo se ha caído en la capital americana de la cultura.

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