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López Obrador y Culiacán… golpes de realidad


López Obrador y Culiacán… golpes de realidad

Por Alfredo Valadez Rodríguez / Especial PERIÓMETRO

A Ovidio Guzmán López ya lo habían detenido las fuerzas del gobierno federal, en Culiacán, en el interior de una restaurante, en una acción además, donde él se entregó pacíficamente, sin un solo disparo de por medio. Pero luego sus captores lo liberaron. No hay pretexto que justifique esa acción que exhibió y debilitó al Estado.

Según eso, con su liberación, se salvó la vida de muchas personas, de civiles, pero también de sicarios del Cártel de Sinaloa. Salvar vidas es plausible, liberar a un criminal sobre quien pesaba una orden de aprehensión, no. Este es el primer gran error del régimen de Andrés Manuel López Obrador. Y debe asumirlo como tal el tabasqueño. Es el Jefe de las Instituciones. El capitán del barco.

Pero también ha sido la primera sacudida, el primer golpe de realidad, que recibe todo el gobierno de la pretendida Cuarta Transformación, que encara un acontecimiento grave; un golpe que podría ser resultado del “fuego amigo”.

El presidente de la república navegaba con cierta tranquilidad, gobernando con su Cartilla Moral bajo el brazo y su discurso del perdón, a un país cuya sociedad está seriamente agraviada, por la ineptitud y corrupción institucional de los gobiernos de Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto.

Una sociedad que espera todavía, justicia y acciones contundentes, por parte de López Obrador, contra las organizaciones criminales en general, y sus redes de corrupción gubernamental (federal, estatales y municipales) en particular. Responsables del baño de sangre y muerte dispersa por todo el país.

La agenda mediática dictada en las conferencias Mañaneras por López Obrador –donde escoge qué preguntas responder y cuales eludir-, no es la respuesta que esperan millones de mexicanos, sino acciones concretas de un gobierno, cuya expectativa desbordó las urnas en julio de 2018.

Fue así que con el incidente de Culiacán, se agitaron con peligro las aguas sobre las que navega la nave del gobierno Lopezobradorista. El régimen de MORENA quedó expuesto totalmente al fuerte oleaje mediático, de la mayor parte de los medios de comunicación, por el error cometido.

Un día después, el general Luis Cresencio Sandoval González, Secretario de la Defensa Nacional, así como Alfonso Durazo, titular de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, tuvieron que admitir en conferencia de prensa, lo absurdo: que oficialmente el gobierno central No  estaba enterado, del operativo de captura.

Además, se admitió que quienes se aventuraron en Sinaloa a capturar al hijo del Chapo Guzmán –integrantes de la Guardia Nacional y elementos del Ejército Mexicano-, lo hicieron de forma “deficiente y precipitada”.

Entonces la gravedad del asunto toma otra dimensión política: ¿Quién ordenó pues la captura de Ovidio, en esas condiciones? ¿Qué se pretendía? ¿Un golpazo mediático? O por el contrario ¿Provocar -como de hecho sucedió-, una intromisión violenta, fallida, que sólo generó terror entre la sociedad sinaloense? ¿Quién se beneficia con ese tropiezo en el Estado en Culiacán?

¿Fue una acción premeditada por los grandes enemigos empresariales y políticos del régimen de López Obrador, con vínculos aún vivos y operativos, al interior del gobierno y las Fuerzas Armadas? La duda cabe.

El fallido operativo en Culiacán, se produjo en un momento álgido de la vida nacional, en materia de seguridad pública: la misma semana que en Aguililla, Michoacán, ocurrió la emboscada y homicidio de 14 policías estatales, por parte de presuntos narcotraficantes. Así como el presunto enfrentamiento entre militares y delincuentes en Iguala, Guerrero, con saldo de un soldado acribillado y 14 civiles abatidos.

Pero más álgido podríamos considerar el escenario político en que se encuentra el país, actualmente, y concretamente el régimen de López Obrador, frente a los poderes fácticos, empresariales y políticos. Los actores y representantes de estos intereses oscuros –dentro y fuera del país-, pudieran ser la verdadera mano detrás del operativo Culiacán.

“Los demonios andan sueltos y han triunfado”, declaró el 24 noviembre de 1994 Mario Ruiz Massieu, al renunciar a la fiscalía especial de la PGR (cargo que le asignó el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari), para investigar el homicidio de su hermano Francisco Ruiz Massieu, quien era secretario general del CEN del PRI, en septiembre de 1994, y cuyo principal sospechoso resultó ser Raúl Salinas de Gortari. Mario Ruiz Massieu terminó suicidándose dos años y medio después, en Texas.

Andrés Manuel López Obrador, podría estarse enfrentado ahora, a esos mismos “demonios”, de los que habló Mario Ruiz Massieu, encabezados por Carlos Salinas de Gortari, “el innombrable”, pero principal enemigo público –y privado-, del tabasqueño, desde hace décadas.

Argumentos para sostener esta hipótesis sobran. Congruente con una de sus promesas de campaña, de combatir la corrupción “desde arriba”, López Obrador ha enderezado una lucha frontal, contra algunos de los principales representantes de la corrupción salinista (y de Enrique Peña Nieto):

Hoy están detenidos o sujetos a proceso penal, Rosario Robles Berlanga, la ex titular de la Sedesol federal y Sedatu, que se creyó intocable cuando Enrique Peña Nieto le decía “No te preocupes Rosario”, ante las acusaciones que se le hacían en el Congreso de  la Unión; el ex director de Pemex Emilio Lozoya Austin, involucrado en graves actos de corrupción, entre otros por el caso Odebrecht, y el súper abogado del salinismo, Juan Collado.

Pero además, justo 24 horas antes del Operativo Culiacán, otro tiburón del salinismo fue obligado a renunciar a su privilegiada posición de poder político y económico: Juan Carlos Romero Deschamps, dejó la secretaría general del sindicato de PEMEX, y pronto hará frente a varias denuncias penales que contra él existen, por presuntos actos de corrupción y lavado de dinero.

¿Alguien más? Por supuesto, la renuncia reciente de Emilio Medina Mora, como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (desde donde protegió intereses del salinismo y de Felipe Calderón Hinojosa), y ahora enfrenta demandas judiciales en Estados Unidos de Norteamérica, por enriquecimiento ilícito. Motivos pues, para que los “demonios” anden desatados, hay bastantes.

Finalmente, del otro lado de la moneda, en Sinaloa las personas deberán enfrentarse a la realidad, como lo han hecho por décadas los habitantes de Chihuahua, Tamaulipas, Michoacán, Zacatecas, Veracruz, Guerrero, Morelos, Baja California, Jalisco, Coahuila, etcétera, ante la violencia criminal de sus propios cárteles, cuyos líderes y sicarios les han dado una tristemente célebre fama, prosperidad y hasta jugosos negocios, pero que también, ahora comienzan a repartir terror y muerte, entre los suyos.

Veamos mejor, de una vez por todas, cómo cerrar este ignominioso círculo de violencia, luto y dolor.

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