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¿El país donde no pasa nada?


¿El país donde no pasa nada?

Por Ricardo Arteaga Anaya

Durante los últimos meses hemos sido testigos de una gran cantidad de denuncias en las que se exhibe la exhorbitante corrupción que existió durante los gobiernos priistas y panistas. Desde las declaraciones realizadas en el país vecino, Estados Unidos, durante un juicio en el que se analizaba la culpabilidad del capo de la droga más famoso y poderoso en todo el planeta Joaquín “El chapo” Guzman, en las que un testigo protegido señalaba el pago de millones de dólares a ex presidentes para que el cártel pudiese operar con protección e incluso con el respaldo del gobierno durante la famosa llamada guerra contra el narco.

Peña Nieto fue el impulsor de una de las reformas en materia de combate a la corrupción más importantes hasta ahora en la materia, la creación del Sistema Nacional Anticorrupción, al menos en lo teórico, es una de las propuestas más importantes en el tema, irónico que al terminar su sexenio se convirtió en la administración en la historia del país con mayor casos de corrupción, incluso en los que se ha visto involucrado directamente un Presidente.

La corrupción desbordada la debemos a la creencia de que México es un país en el que no pasa nada, durante años cualquier funcionario tuvo la oportunidad de cometer delitos, enriquecerse e incluso mantener vínculos con el crimen organizado, hasta ser miembros del mismo, sin que ninguna autoridad los investigara o que fueran declarados culpables por ello. Somos el país en el que todo aquel funcionario o representante popular termina por convertirse en el nuevo rico o en uno de los empresarios más poderosos, económicamente hablando, del municipio, del estado o del país.

La política, al convertise en un negocio, al igual que la corrupción, termino por ser peleada por los más ambiciosos personajes, tanto empresarios como políticos del país, sembraron en nuestras instituciones prácticas para beneficiarse a tal grado de que hicieron y deshicieron sin sanción alguna, el poder judicial y la ahora fiscalía, terminaron por convertirse en parte del problema, criminales de cuello blanco sin pagar sanción alguna, prometiendo cargos hasta vitalicios en dicho poder con tal de obtener impunidad ante sus actos delictivos.

Esta cultura o creencia de que en el país no pasa nada, permite que en la actualidad, incluso en tiempos en los que uno de los actores políticos más reconocidos a nivel mundial intenta implementar una reforma a la administración pública y a nuestro sistema político para acabar con dichas prácticas, funcionarios buscan dar continuidad a dichas prácticas, algunos han renunciado por no coincidir con los principios de austeridad, otros han señalado las malas prácticas de compañeros, y otros han sido denunciados por los beneficiaros de los programas, al menos de forma mediática, por las irregularidades que se presentan en los mismos.

México, durante años, fue el país en el que no pasaba nada, pero desde hace algunos meses se han iniciado investigaciones en contra de funcionarios e incluso ex presidentes por los delitos cometidos durante sus encargos, es cuestión de tiempo para que la justicia los alcance, pasamos de ser el país en el que reinaba la impunidad a ser de las naciones que están próximas a enjuiciar a ex presidentes y a políticos poderosos, quienes creen que resultarán impunes por considerarse cercanos o poderosos, caen en la falsa creencia de que serán protegidos. La cuarta transformación tiene el poder de los ciudadanos, aquellos que se cansaron de años de impunidad y que ahora son vigilantes del orden y de la justicia, cualquier irregularidad será denunciada y en algún momento sancionada. Nunca más volveremos a ser el país en el que no pasa nada.

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