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Georges Benko, analizando la economía desde lo local a lo global


Georges Benko, analizando la economía desde lo local a lo global

Por Renata Ávila

Con el ojo que midas serás medido. La economía es la ciencia menos humana que se encarga de estudiar lo humano. Bajo el ánimo de reforzar nuestro conocimiento sobre esta disciplina, este artículo lo dedicaré a analizar el ensayo de Georges Benko (2002), Desarrollo Regional: Revisando las dos últimas décadas.

Egresado de la Sorbona de París, Georges Benko es un economista francés especializado en geografía económica.

Al revisar su ensayo no pude dejar de pensar en Táctica y Estrategia de Mario Benedetti. Lo sé, conceptualmente no tienen mucha coincidencia pero sí en cuanto a la interrelación y dependencia de los términos que se describen en cada material.

“Mi táctica es

mirarte

aprender como sos

quererte como sos.

Mi táctica es

hablarte

y escucharte

construir con palabras

un puente indestructible.

 

Mi táctica es

quedarme en tu recuerdo

no sé cómo ni sé

con qué pretexto

pero quedarme en vos.

 

Mi táctica es

ser franco

y saber que sos franca

y que no nos vendamos

simulacros

para que entre los dos

no haya telón

ni abismos”.

Pareciera que lo local que describe Benko es como la táctica de Benedetti mientras que la estrategia se termina por concretar con lo global.

“Mi estrategia es

en cambio

más profunda y más

simple.

Mi estrategia es

que un día cualquiera

no sé cómo ni sé

con qué pretexto

por fin me necesites”.

De acuerdo con Georges Benko (2002), “lo local y lo global no solo son conceptos contrapuestos”, lo local forma parte de lo global, sin lo local lo global no existiría. Pasa algo similar con la táctica y la estrategia de las relaciones interpersonales o la misma política, no puede haber una estrategia sin una táctica, la estrategia es el fin mientras que la táctica la forma, el cómo, el plan para llegar a ese fin.

La obra de Benedetti y la idea que nos maneja Benko (2002) también comparten similitud en el hecho de que en ambas visiones se clasifica a los conceptos por grado de importancia en un fin superior. Para Benedetti a través de la táctica y la estrategia fue generarle al ser amado dependencia de manera subconsciente. Georges Benko (2002) creía que “el abordaje global define a las regiones por sus posiciones en una estructura más vasta. La región (y sus características) es producto del interregionalismo”.

Dejando de lado al gran Benedetti, recientemente el debate de ambas concepciones teóricas (lo local y lo global) “se presenta en términos de división interregional o internacional del trabajo y otro que hace referencia al desarrollo endógeno” (Benko, 2012, pág. 347).

Desde la visión de Antonio Vázquez , “la política de desarrollo endógeno constituye la respuesta de los actores locales a los desafíos de la globalización”. Su mayor atractivo  es su utilidad para interpretar los procesos de desarrollo de territorios y países.

Es decir, el desarrollo endógeno, “es una interpretación que analiza una realidad compleja, como es el desarrollo de países, regiones y ciudades, que incluye diferentes visiones, que comparten una misma lógica teórica y un mismo enfoque de la política de desarrollo”.

Primera ortodxia; la jerarquía urbana

El estudio de estas dos concepciones teóricas, lo local y lo global, describe Benko (2002), nos remonta a los primeros teóricos de la economía espacial, regional o urbana de la Escuela de Iéna. Estos teóricos parten de dos preguntas esenciales: ¿Cómo a partir del espacio plano, homogéneo, se puede pensar la emergencia de concentraciones urbanas de actividad manufactureras o terciarias? ¿Cómo dar cuenta de la jerarquía entre dichas aglomeraciones?

Según Benko (2002), “desde la perspectiva de la microeconomía la respuesta parece simple, partiendo de los comportamientos de maximización de beneficios y la minimización de costos. Las producciones urbanas tenderán entonces a organizarse en redes de lugares centrales cuyos discos cubrirán el espacio”.

La jerarquía urbana se construirá gracias a la mano invisible de Adam Smith y a través de la suposición que una ciudad se encuentra en el nudo de las mayoría de las redes. “Haciendo pivotar estas redes alrededor del centro nodal vamos a detectar la aparición regular de concentraciones de nodos, embriones de ciudades de segundo rango”.

Se trata entonces, agrega el autor, de un esquema estructuralista. “El tamaño, la gama de actividades de un lugar central depende de su lugar en una red urbana jerárquica”.

A este aspecto, llega otra interrogante: ¿Quién constituye  el sujeto, la mano invisible que concentra de este modo las actividades más nobles en determinadas metrópolis?

A esto podemos responder que el mercado georeferenciado, es decir, la demanda de determinados bienes y servicios genera la oferta de los mismos, la agrupación sistematizada de empresas en un lugar común donde ven minimizados sus costos y maximizados beneficios.

Entendido de otra manera, dice Benko (2002) que en ese sentido que “la aglomeración no es forzosamente un efecto perverso. Presenta efectos positivos para los competidores, efectos de aglomeración internas a la rama y efectos de proximidad externas a la rama.

Sin embargo, hay que dejar claro que no todos los comportamientos están regidos por transacciones mercantiles aislables entre sí. La teoría espacial más estructuralista descansa sobre un hecho imponderable, inconmensurable, un principio de organización no mercantil. Ante esto, agrega Benko (2002), “ciertas ciudades tienen más éxito que otras porque lo merecen, porque la vida económica es más activa, porque los ciudadanos adoptan una actitud más cooperativa o más concertada”.

¿Retraso o dependencia? Las ortodoxias de la posguerra.

Como ocurrió en la crisis global de 1929-1933, el problema de todo sistema económico no termina por resultar el modelo que se aplica para la optimización  de su mercado sino la manera en que se distribuye la riqueza generada en ese proceso de producción. Benko (2002) nos dice en este sentido que “la gran debilidad de la teoría de la jerarquía de los lugares centrales es el supuesto de un sistema homogéneo”. Agrega que aunque se quisiera en la teoría, en la realidad las regiones no son homogéneas unas con otras.

“El desarrollo desigual de las regiones o naciones, de sus armazones urbanas, va a ocupar la primera fila del escenario en los años 1960-1970, engendrando en primera instancia dos ortodoxias rivales”.

1960-PRIMERA ORTODOXIA (no es un esquema globalmente estructuralista, no todos los países despegarán en el mismo momento, de ahí el subdesarrollo). Cada área geográfica tendrá que pasar las mismas etapas del esquema histórico de Colin Clark.

1) Edad preindustrial

2) Edad industrial

3) Edad postindustrial

*Tal ortodoxia deriva de una metodología individualista. Un punto importante en ese sentido es que el retraso relativo de unos con respecto a otros no es estructural. “Es un efecto de los azares de la historia que han visto a algunos países despegar antes que los otros por razones de estructura interna”.Por lo que el despegue será también una cuestión de reformas internas.

SEGUNDA ORTODOXIA: Frente a la primera ortodoxia se erige una teoría globalmente estructuralista: la teoría de la dependencia.

Para esta visión:

1)      La causa del subdesarrollo se deriva del desarrollo de otros. “la miseria de estos últimos se alimentará por la miseria de otros”.

2)      De esta manera, se consolidará a largo plazo  una división internacional del trabajo entre un centro dominante, manufacturero, terciario, y una periferia dominada, exportadora de bienes primarios, agrícolas y mineros.

3)      Intercambio desigual impedirá a la periferia acumular los medios para su despegue.

4)      La agricultura y la industria se interconectan  a través de una tripartición fordista.

  1. a) Concepción, b) fabricación calificada y c) fabricación y ensamblaje no calificada.

A finales de 1960 dicha teoría pierde su peso cuando ciertas periferias comienzan a industrializarse. “Se podía entrever una complementariedad instantánea (sincronía) que una similitud desfasada en el tiempo, frente a las desigualdades interregionales en los niveles de calificación dentro de la industria manufacturera”.

Señala Benko (2002), “la división progresiva de esta tesis que acompañaba la aparición de los nuevos países industrializados en el tercer mundo, conducía hacia fines de 1970 hacia una nueva ortodoxia”.

LA NUEVA ORTODOXIA. Se presenta una nueva división interregional del trabajo.

1)      Surge el estructuralismo global. (Generó rápidamente objeciones, aún de parte de los teóricos de la nueva división interregional del trabajo).

2)      Los países desarrollados se tornan en regiones centrales de la organización del trabajo y principales mercados. (Deslocalizaban hacia otras regiones más pobres y menos calificadas las actividades de mano de obra).

El desarrollo regional endógeno

Hacia finales de 1980 surge una nueva ortodoxia en donde el éxito y el crecimiento de las regiones industriales sería esencialmente producto de su dinámica interna. Esta nueva ortodoxia, describe Benko (2002), se deriva de las investigaciones emprendidas por Arnaldo Bagnasco, Carlos Triglia y Sebastiano Brusco sobre la tercer Italia. “Mientras los primeros estudios insistían  esencialmente sobre las  características de las regiones de desarrollo endógeno del triángulo Milano-Torino-Génova, es decir, la construcción social del mercado. Becattini llamó la atención sobre el típico de organización industrial de estas regiones, mezcla de competencia-emulación-cooperación, en el seno de un sistema de pequeñas y medianas empresas”.

En sí para Becattini existían dos posibilidades de organización industrial:

1)      La organización bajo comando único de la división técnica del trabajo.

2)      Coordinación por medio del mercado y  el cara a cara de una división social del trabajo desintegrada entre dos firmas más pequeñas especializadas.

Dice Benko (2002) Michael Piore y Charles Sabel, refiriéndose al enfoque de la regulación , anticiparon que a la producción de masas fordista sobrevendría un régimen fundado en la especialización flexible.

Interesados en las metrópolis de Estados Unidos y apoyados en el análisis neomarxistas o neoclasicos, Allen Scott, Michael Storper y Richard Walker, reconocieron ulteriormente patch-works de distrito.

De este modo, agrega Benko (2002), “del más pequeño distrito Italiano hasta las megalópolis mundiales, el nuevo paradigma de la especialización flexible impulsaría no solamente el retorno de fábricas y oficinas hacia las zonas urbanas, también la reactivación del crecimiento cuantitativo de la metrópoli”.

El debate

Georges Benko (2002) refiere que el debate entre lo local y lo global no ha terminado en términos de cuál es el mejor visión y espacio georeferenciado para explotar las máximas capacidades de una economía. Indica que a nivel del método “se asiste al retorno de la organización industrial, el estudios de las modalidades de la relación entre actividades económicas separadas en el seno del análisis urbano”.

En este punto, dice que desde su parecer, la jerarquía y el gobierno parecen dominar el ordenamiento urbano y regional donde resalta la aglomeración y la atmósfera.

Estamos hablando pues de un cambio de terreno  en donde la atención se enfoca en las formas de regulación intermedias entre la materialidad de aglomeración  urbana y gobierno.

Red y políticas

Este cambio de terreno implica, afirma Benko (2002),  inmediatamente dos consecuencias:

1)      La sustitución del término red por el de distrito.

-Más allá del distrito se perfila la red de distritos, entendida como la industria viviente.

2)      El fuerte retorno de la política.

-Entra a través de la palabra jurisdicción.

-La elección política de un modelo de desarrollo va a determinar el tipo de red industrial.

 

Conclusiones:

El debate y el análisis entre lo local y lo global se termina  con el papel del gobierno y sus decisiones en la elección de un modelo u otro de desarrollo urbano o regional.

 

Bibliografías:

 

Benko, Georges, “Desarrollo Regional. Revisando las dos últimas décadas”, en Leticia

Campos (coordinadora), La realidad económica actual y las corrientes teóricas de su

interpretación, México, IIEC-UNAM, Plaza y Valdés, 2002

 

Vázquez Barquero, A. (2007). Desarrollo endógeno. Teorías y políticas de desarrollo

territorial. Investigaciones Regionales –

Journal of Regional Research, (11), 183-210.

 

 

 

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