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Las muertes en la UAZ y la política de fondo


Las muertes en la UAZ y la política de fondo

Por Andrés Vera Díaz

De nueva cuenta un asesinato de una estudiante universitaria cimbra las estructuras sociales de Zacatecas, un acto que a pesar de la presencia del Fiscal no pudo evitarse porque la corrupción manda en el interior de las corporaciones policiacas.

El nivel de impunidad del hecho, aunado al asesinato del hijo del secretario de gobierno capitalino a un día de la inauguración del flamante sistema C5, deja de manifiesto que el estado como tal, ha quedado rebasado. El mensaje de poder del crimen organizado es claro, y aunque existen intentos para contener los altos índices delictivos, dos hechos que podrían ser vinculantes exhiben que la batalla está muy lejos de ser ganada.

La respuesta institucional fue débil, comunicados de prensa “extraños” por parte de la Fiscalía y uno simplemente retardado, en toda la extensión de la palabra, por parte de la BUAZ, tras inferir que fue “ultimada” Nayeli Nohemí además de una “solicitud” para que se haga justicia, deja en entredicho que las autoridades universitarias soporten la esencia de la autonomía y el carácter de la misma, una oposición natural a las acciones de gobierno y un ente solucionador de las problemáticas sociales.

Desde que la propia esposa del secretario general Rubén Ibarra fomentó (por ser de las primeras) en suspender actividades en la Unidad Académica de Enfermería, se extendía la pretensión de minimizar no los posibles factores de incertidumbre, sino de protesta social y universitaria. De ahí surgió la idea fundamental de “adelantar” vacaciones, pues más unidades se sumaron a esa iniciativa a diestra y siniestra, ya fueran comandados por el Grupo Universidad o los contras. Ahí si se pusieron de acuerdo. ¿Cómo para qué pretende ser rector Ruben?.

Aunque una marcha convocada con personajes independientes y otros con esa filiación de “contraposición” a la administración actual, pretendía tener tintes políticos como es su costumbre, finalmente pocos se apersonaron para tratar de dirimir la idea, pero se gestó casi de inmediato como una forma de oportunismo mediático. Inclusive, desde algunas esferas comunicativas, como ese diario que alguna vez lucró publicitariamente en una marcha por la desaparición de los 43 de Ayotzinapa y vinculados con esos cotos de poder ambiciosos, se trataba de viralizar la marcha pero con ese trasfondo integrado.

De forma contradictoria, desde el gobierno estatal, en contubernio con la rectoría, buscaban la forma de que la marcha no tuviera lugar la misma tarde-noche tras el asesinato de Nayeli. La agitación social no era pertinente porque a pesar de que en redes sociales, la masificación del hecho, así como la publicación de la noticia a nivel nacional estaban consumadas, la expresión palpable dejaría evidencia física de que principalmente los jóvenes no respondían a la política del temor promovida con la cancelación de las actividades.

También irónicamente, aunque en Zacatecas trataban de “matar” los hechos, a nivel nacional un par de Senadores, que brillan por su ausencia, agitan las propias aguas de su partido por esa vulgar ambición de poder, se publicitaban reprobando el hecho (porque había que hacerlo para no ser criticados por el silencio, pero solamente por ese motivo). Ricardo y Soledad expresaban su repudio y exigían soluciones. Uno que negocia la impunidad de otro caso delictivo también con tintes de vinculación y la otra, con apenas una iniciativa ramplona en 8 meses con curul, ahora si abogaban por la seguridad en el estado. Patéticos.

La muerte politizada. Unos esconden la cabeza como avestruz. Unos mandan comunicados infames, otros tuits retrasados en términos temporales, otros se publicitan. ¿Y cuál de todos ellos se sumó a la marcha?. Es cuánto.

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