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LXIII Legislatura: tan lejos de la austeridad, tan cerca de la voracidad


LXIII Legislatura: tan lejos de la austeridad, tan cerca de la voracidad

Por Andrés Vera Díaz

Discursos vacíos, justificaciones repetitivas y soberbia política han destacado a la aún infante legislatura zacatecana. Desde la pretensión a escondidas de reasignarse las herramientas legislativas, los diputados locales dieron muestra de que la representación popular no es la prioridad ni encomienda para lo que buscaron una curul.

La serie de contradicciones del diputado petista Lolo Hernández, presidente de la Comisión de Patrimonio y Finanzas que manifestó durante una entrevista con algunos medios, en la búsqueda de “disculpar” el recurso congelado de dicho concepto para el resto del año, dejó entrever las intenciones presupuestales para el 2019 y cuya manifestación ha quedado plasmada no solamente integrando en el paquete económica dicha partida, sino hasta incrementar el gasto en general.

Que pagar asesores y eventos era indispensable para el funcionamiento óptimo del Congreso, a pesar que el mismo Poder les asigna un par de ellos, a pesar de que existe el Instituto de Investigaciones Legislativas, y a pesar de la gran cantidad de notas informativas sobre el clientelismo emanado de los 200 mil pesos de las herramientas, se han abocado a no tener la mínima cortesía social para reducir la erogación de dinero.

Ahora, luego de discursos vacíos como el de la superdelegada y cuñada Verónica Díaz, que por lo menos en tres ocasiones y con entrevistas acomodadas, perjuraba que renunciaba al recurso, así como otros de la fracción “monRenista”, la realidad es que seguirán recibiendo la cantidad para los conceptos de pago a asesores y supuestos foros para realizar iniciativas. Hasta la misma Alma Dávila en una rueda de prensa poco efectiva, pretendió justificar el gasto de 600 mil pesos para dos iniciativas que le otorgan capital político mediático. Lolo Hernández afirmó que habrían de transparentar. Nada ha pasado, no hay información en ningún lado y desde la oficina de transparencia, la orden recibida es reservar las solicitudes porque no son de interés público.

El presupuesto del 2018 para el Congreso fue de $441,629,067.00 millones de pesos, para 2019; los “representantes populares” piden $470,960,096.00 millones, es decir, la austeridad no se hace presente, a pesar de que la fracción mayoritaria “pseudomorenista” se encarga de simular un discurso lopezobradorista, – “la función pública no es para enriquecerse”. Muchos de los anteriores diputados compraban automóviles nuevos, casas y hasta cirugías plásticas.

En 2016, la LXII Legislatura había anunciado la eliminación de los gastos médicos mayores, cuya erogación era de 66 mil pesos anuales por cada diputado, es decir, dos millones trescientos setenta y seis mil pesos. Las herramientas, otorgaban el “bono” de 198 mil pesos mensuales, es decir, dos millones trescientos setenta y seis mil pesos anuales por legislador, o sea, más de 72 millones de pesos anuales desde las arcas del Congreso. Si sumamos ambos conceptos, nos resultan más de 95 millones de pesos que debieron ser reducidos del presupuesto para 2019, dejando entonces y en base al de este 2018, un total de 345 millones; sin embargo, lejos de que suceda, se propone un incremento para el próximo año fiscal de menos de 29 millones de pesos.

Esto es el colmo de la desvergüenza, del cinismo, de la insensibilidad y la voracidad. Uno a uno y casi sin excepción son insaciables consumidores de los recursos públicos de un país con quiebra económica. Reasignarse partidas presupuestales bajo argumentos de productividad legislativa exhibe no solamente la limosnería, sino el cúmulo de leyes repletas de hoyos y formas infinitas de interpretarla para evadirla, la corrupción política ha alcanzado una dimensión tan escandalosa que pretende legitimar el trabajo para quienes deben servir, bajo el esquema de “dame para tu supuesto beneficio”.

Cuando escuche un discurso de austeridad, cambio y transformación, reclámeles, hágales saber que no son dioses, ni estarán ahí para siempre, que son ciudadanos comunes y que comúnmente, si seguimos creyendo que son intocables, nos seguirán jodiendo.

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