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Constitución moral…


Constitución moral…

Por Ricardo Arteaga

La corrupción ha representado uno de los peores males de nuestro país, no solo porque la clase política la ha adoptado como cultura para beneficiarse a si mismos y a unos cuantos para que guarden silencio, representa la peor enfardad de México porque ha logrado enraizarse culturalmente en toda la sociedad, una gran parte de mexicanos hemos sido partícipes en una acción de corrupción, directa o indirectamente, la primera cuando somos nosotros los que cometemos el acto, desde pagar a un tránsito, policía federal para evitar una multa, hasta buscar corromper a alguna autoridad judicial para  evitar sanciones mayores; indirectamente cuando proponemos a alguien que comenta cualquier acto para evitarse algún tipo de problema, desde un abogado proponiéndole a su cliente pagar para evitarse problemas, hasta el simple hecho de ver que se comete un acto de corrupción y quedarnos callados o ser cómplices del mismo, ello porque en nuestro país hacerlo es algo normal.

Con ello no se tiene la intención de colocar a todos los mexicanos como corruptos, si no que la corrupción, de cualquier tipo, se ha convertido en parte de nuestra cultura, a tal grado de que la vemos como algo normal, algo “X”, como actualmente suele decirse a las cosas que no tienen trascendencia. Pero, ¿Dónde comienza la misma? En algún punto de nuestra historia política y democrática, algún político descubrió que era fácil hacerse del dinero público para vivir con grandes lujos, pero en el intento debía compartir la rebanada del pastel para evitar ser delatados, investigados o sancionados en su caso, y al mismo tiempo debía preocuparse por dejar a un sucesor que lo protegiera (justo como Miguel Alonso logró con Alejandro Tello), filtrándose como un virus por todo el sistema político y burocrático del país; la corrupción solía practicarse de arriba hacia abajo, terminó por convertirse en un fenómeno que ocurre en todas direcciones y desde lo más abajo de la pirámide (viéndolo desde la perspectiva de la clase política “moderna”), en la sociedad.

Con la pérdida de principios y valores entre la clase política era obvia la pérdida de los mismos entre la clase gobernada, se pudre una fruta y esta termina por pudrir a las demás hasta que ya no queda ninguna limpia. Esto ha llevado a una descomposición del tejido social a tal grado que una persona no piensa en el daño que ocasionará a otra si le dispara por resistirse a un robo, o si lo priva de la vida porque recibió dinero para realizarlo, robar una casa porque no hay trabajo bien remunerado; la perdida de valores entre la sociedad se debe a años de gobiernos corruptos, hemos dejado de ser víctimas para también convertirnos en victimarios, no hacen falta más ejemplos para comprenderlo.

Días atrás, Andrés Manuel López Obrador, candidato a la presidencia por morena, propuso la elaboración de una Constitución Moral, desatando una ola de críticas y señalamientos (de esos que suelen hacer aquellos a los que ningún chile les embona proviniendo de la oposición), sin embargo, después de comprender la crisis que atravesamos como nación sabemos que se debe a la pérdida de valores y principios en nuestros políticos  y que terminó por expandirse en toda la sociedad, si queremos rescatar al país y cambiar el rumbo, no solo se deben realizar una serie de reformas legales para combatir la corrupción y permitir el progreso del país tanto económico como político, también debemos implementar políticas públicas que permitan fomentar la paz entre los ciudadanos, ello solamente podremos lograrlo proporcionando nuevamente esos valores éticos y morales en nuestros niños, jóvenes y adultos; después de todo, nuestra Carta Magna fue elaborada basándose en una gran cantidad de principios que actualmente hemos perdido como sociedad y que buscaban un solo fin, el bienestar colectivo.

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