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Meade, ¿ciudadano?


Meade, ¿ciudadano?

Por Noemi Luna

En los últimos años he oído como estribillo o muletilla de muchos candidatos a cargos de elección popular la frase: “Yo no soy político, soy ciudadano” y lo hacen tanto en le mesa del café como en mítines eminentemente políticos, por lo que me surgen varios cuestionamientos: ¿en qué momento una persona que se interesa por los asuntos públicos pierde la calidad de ciudadano?, ¿puede alguien que se postula a un cargo público o participa en política no ser político? ¿Ser político te convierte en automático en una persona antiética y poco honorable y ser ciudadano te convierte en un ser virtuoso?. Entiendo que la actividad política, que debiese ser la más integra de todas, en la realidad se ha visto plagada de corrupción, deshonestidad, concupiscencia y todos los vicios que nos podamos imaginar, por lo que quiero pensar que en un afán de desvincular al actor público de esta imagen se usa la palabra “ciudadano” (aún que en muchísimos casos esto debiera ser una ofensa para aquellos ciudadanos que no han ostentado un cargo público y que en realidad se han conducido con integridad).

Según la definición que da la Real Academia de los términos ciudadano y político, se puede ser ambas cosas, si sé es político sé es ciudadano, y yo me atrevo a asegurar que para ser político se debe ser ciudadano, pero últimamente en el argot político se usa el termino ciudadano como si fuera sinónimo de honradez, ética y profesionalismo, aún que a mi me pareciera más un tipo de disfraz dialectico.

Esta semana se dio de forma casi formal el destape de José Antonio Meade Kuribreña como el próximo candidato presidencial representante del oficialismo, eso no es sorpresa por sí mismo, lo que a mi me llama la atención es que muchos lo pretenden mostrar como un ciudadano (sí, sí lo es en el término puro de la palabra, como lo es Ricardo Anaya, Rafael Moreno Valle, Andrés Manuel López Obrador, Miguel Ángel Osorio Chong, Margarita Zavala, Miguel Ángel Mancera  y en general todos los aspirantes, ya traté de explicar el porqué de esta aseveración) como si otorgándole este título le borrara de su currículo veinte años de servicio público (¿si ostentar por tanto tiempo cargos de poder no es ser político, entonces que lo es?), ¿un hombre que ha tenido en sus manos la responsabilidad del dinero público (también nombrado el gerente de los ricos), un hombre al que Maite Azuela bautizo como el pentasecreario, porque que ha dirigido tanto el sector energético como la cancillería, se puede nombrar ciudadano con la connotación electoral que se le quiere dar?.

Desconozco si ha trabajado una sola vez fuera del sector público, si ha sido un luchador desde la sociedad civil (como Emiliano Álvarez Icaza, Carmen Aristegui o Enrique Krauze), tampoco sé si sea integrante de alguna fundación (como Rafael Moreno Valle y su propio padre Dionisio Meade en la fundación UNAM) pero no hay mucha evidencia de que así sea, ni siquiera de que haya emprendido un negocio (fuera del gobierno), y aún así hay quienes lo llama ciudadano, lo hacen así por el hecho de no ser militante afiliado a un partido político, como si los que estamos registrados formalmente en un instituto político por congruencia a una doctrina o ideología en automático perdiéramos el mote de ciudadano. “En su árbol genealógico la savia de la política corre en sentidos distinto” El tío de su madre, Daniel Kuribreña, fue uno de los fundadores del PAN y Dionisio Alfredo Meade y García de León (su padre) trabajo como servidor público en el sector hacendario, y también ejerció como  diputado del PRI (1997-2000) por cierto como presidente de la Comisión de Hacienda, cuando se dio el tan cuestionado FOBAPROA. Comentan en el libro los suspirantes 2018 que “Los recuerdos que tiene de los trayectos a la escuela o de las sobremesas familiares están saturados de platicas sobre la situación política y económica del país “ y aún así lo pretenden vender como ciudadano.

Ejemplifico con Meade Kuribreña el caso del político que se avergüenza por serlo, porque su destape esta reciente, pero son cientos los actores que aún siendo regidores, alcaldes, diputados y hasta gobernadores (de todos los partidos) exhiben su ignorancia o por el contrario pretenden subestimar el intelecto del elector (en muchos casos verdaderos ciudadanos) con la famosa y chocante frase: “yo no soy político…”pero por fortuna todavía hay quienes con la conciencia limpia y la importancia de la política como búsqueda del bien común nos seguimos enorgulleciendo de ser políticos.

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