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Falsedad informativa, la guerra que llega


Falsedad informativa, la guerra que llega

Por Andrés Vera Díaz

Así como las redes sociales han llegado para quedarse, compitiendo con los medios de comunicación tradicionales y desplazándolos a un terreno de consumo “clásico”, es cierto que también son generadoras de confusión y manipulación mediática.

Hace algunos días, la activista Mara Muñoz fue objeto de calumnias desde una página apócrifa del diario Página 24, pero no es el único caso que se ha registrado. Han aparecido un sinfín de “medios” en esa red social, la cual por cierto es la de mayor consumo en Zacatecas, que pretenden el desgaste moral de personajes, la mayoría, sin fundamento, sin credibilidad, originadas desde el anonimato.

Una que otra, creada increíblemente por personajes propios de los medios de comunicación, que poseen marca, dirección institucional y física, enrareciendo la credibilidad de aquellos que buscan posicionare en el mercado como una fuente de información real. Paradójicamente, buscan denostar cobardemente, tras una pantalla, a quienes no les han dado “convenios”, son contrarios a su pensamiento “comunicativo” o para alimentar rencillas personales.

Gastan buena cantidad de dinero en publicidad, permeando en la sociedad la creencia de que son fiables, porque publican lo que los medios establecidos no, con chismes baratos cuya fuente es una plática de café o percepciones individuales alejadas muchas veces de la realidad.

Otras, son creadas por funcionarios de forma expresa, para tratar de contrarrestar opiniones con cierta calidad moral que trasciende en el lector, aquel lector que se informa, analiza y debate, sin mucho resultado, generalmente tienen éxito ante la gente que busca una catarsis en interpósita persona, sin cerciorarse que la “información” tenga algún sustento periodístico o por lo menos, un responsable de lo que se afirma o dice.

Algunos políticos tienen la maliciosa idea de que esta estrategia sirve para sus intereses particulares, desde las esferas más corrientes del PRI, hasta aquellos que se ostentan una calidad moral lo suficientemente fuerte como para caer en ese vicio vulgar sin consecuencias, Desde el despacho de Roberto Luévano, hasta los celulares de los asistentes de Soledad. No se trata de respetar ideales, se tratar de un medio para un fin, y eso, es con todo respeto para los creadores de esas infamias, una estupidez.

Ahora que arreciarán las campañas electorales, estos manipuladores medios, servirán para crear distractores, denostar e inventar un montón de patrañas, inclusive, contra aquellos periodistas que si firman sus opiniones, y por lo tanto, asumen las consecuencias de las mismas.

Estas líneas, no son para nada una perspectiva propia, ya inclusive estudios, como el de la Universidad de Oxford, que analizaron este fenómeno. Estas campañas no las realizan solo los individuos: también se trata de “un fenómeno organizado, con grandes gobiernos y partidos políticos que dedican recursos importantes al uso de las redes sociales para la manipulación de la opinión pública”.

La discriminación, la provocación, el acoso, las campañas políticas, las noticias falsas y la propaganda comercial son ya parte del paisaje en las redes sociales. Y es que el anonimato en internet —tanto la posibilidad de no identificarse como la de asumir una identidad falsa— y la importancia de las redes sociales en la vida pública se combinan de esta manera indeseada. En primer lugar, los jóvenes del mundo desarrollan sus identidades políticas y se informan en las redes; en segundo lugar, algunas plataformas como Facebook y Twitter “también se han convertido en herramientas de control social”, según Bradshaw y Howard.

Algunas de las palabras claves en este campo son “operaciones psicológicas”, “astroturfing” (campañas de propaganda electoral o comercial que fingen espontaneidad), “guerra de datos”, “sockpuppet” (cuenta falsa en redes) y, por supuesto, “troll”. Dudo mucho que conceptualmente los creadores de estas páginas falsas entiendan la terminología. Este tipo de referencias “informativas” están técnicas ligadas al concepto de “control reflexivo”, creadas por la antigua Unión Soviética. Esta técnica de los años setentas busca usar la información para manipular, ofreciendo verdades a medias en temas emocionalmente sensibles y de débil defensa racional para influir a los públicos objetivo a tomar determinadas decisiones.

Ahora, ¿cuál es el peligro de este tipo de vilezas?. En México tenemos un grave riesgo de cara al proceso de la elección presidencial de 2018. Existen 70 millones de internautas, donde 63 millones se declaran participantes regulares de las redes sociales, y donde 9 de cada diez se informan por esta vía sobre los procesos electorales. En Zacatecas, el más del millón de electores, por lo menos el 52 por ciento se encuentra en áreas urbanas o semiurbanas como la capital, Guadalupe, Jerez, Fresnillo, Sombrerete y Villa de Cos, la ciudadanía se informa por medio de internet en un 80 por ciento en general, y el consumo de Facebook es del 72 por ciento.

De manera empírica se asume que bajo la suposición de que el público tiene una capacidad de atención muy corta, la mayor parte de técnicas de manipulación de medios de comunicación masivos se basan en la distracción, por supuesto que la desinformación no es exclusiva de internet, pero si la forma más barata y penetrante en la sociedad moderna, porque a pesar de que Zacatecas es una entidad pobre, el número de usuarios de dispositivos con acceso a la red aumenta, a manera de distracción casi en su mayoría, por eso, las páginas apócrifas combinan la denostación con elementos cómicos, para crear una perspectiva de amplitud y generar viralización, pero, ¿cómo entonces alguien que publica comicidades demasiado populares y hasta agresivas, puede tener legitimidad y seriedad cuando “opina” sobre asuntos de trascendencia social y política?.

Internet y las redes sociales siguen siendo un espacio en constante transformación, cuyos alcances y consecuencias nadie puede todavía alcanzar a entender con claridad. Lo realmente cierto es que es un tema de profundo “sospechosismo” que permeará la actividad electoral, desde ya.

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