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Adultocracia


Adultocracia

Por Mara Muñoz

La violencia contra las niñas y niños en nuestra sociedad va desde las manifestaciones simbólicas más imperceptibles hasta la privación de la libertad física e intelectual y la vida. El gobierno irreflexivo se contonea anunciando la incorporación de más niñas y niños a la escuela sin que medie el cuestionamiento de la calidad de esa educación y las habilidades cognitivas y capacidad crítica que se desarrolla en la niñez para observar al mundo y ser factor de mejora en nuestra sociedad. Además, nos venden el discurso de que más niñas y niños en las aulas es igual a una mejora en la comunidad, cuando presenciamos que  esa experiencia se ve condicionada por la violencia que todo lo envuelve: desde los discursos mediáticos, el abuso en las familias, hasta el riesgo de ser asesinadas y asesinados en las calles. Ante esto el Estado es omiso, negligente.

Cuando bien nos va, las personas adultas mostramos cierta conciencia sobre el mundo caótico que heredamos a las nuevas generaciones, sin hacer un verdadero ejercicio de nuestra responsabilidad en la construcción cotidiana de ese caos. Al final, esa gran violencia que nos envuelve tiene su origen en el tejido de una sociedad basada en el egoísmo, en la apropiación privada de todos los bienes que nos es posible adquirir: más, igual a mejor; propiedad, igual a seguridad; bienes materiales, igual a bienestar. Nos quejamos de las consecuencias de este régimen de muerte y destrucción sin ir a las causas, a la pérdida de la comunidad, de la solidaridad. Eso es lo que enseñamos a las niñas y niños a cada paso.

Cada una de estas personas en formación lo traducirá conforme sus posibilidades permiten, habrá quienes bajo esa enseñanza serán empresarios, otras tantas personas no tendrán más que vender su fuerza física, muchas más, no las menos, se rentarán por su capacidad de muerte. Bajo ese credo de egoísmo, lo importante es ganar, los medios no importan. Bajo esa pérdida del sentido de comunidad el empresariado explotará a sus empleadas y empleados amén de la expansión y el crecimiento;  en el futuro de México, a quien toque ser clase trabajadora, se someterá a jornadas extenuantes que prohíben la convivencia con las hijas e hijos que se les ha dicho hasta el cansancio deben tener para ser “felices”. De aquellas niñas y niños que se deciden a “vivir como reyes unos años para no vivir como perros toda la vida” ¿qué podemos decir? Muchas personas los ven como escoria.

Así tejemos el presente, así será el desenlace de nuestro futuro. ¿Esperamos más? ¿Queremos más? La pregunta es ¿más de qué? Más bienes materiales. Más seguridad. Más comodidad. Más entretenimiento. Porque esa ambición de riquezas, es justo el camino a la pobreza como seres humanos que enseñamos como destino a millones de niñas y niños. Habrá quienes los realizarán, pero la gran mayoría no tiene el camino fácil. Las opciones ya las sabemos. Entonces ¿de qué nos quejamos? Esas personas, son nuestra obra. Ese México, nos pertenece. Lo forjamos día a día al violentar simbólica y realmente a nuestras niñas y niños. Somos adultos, se nos ha dado la madurez. Quizá, hemos caído del árbol.

 

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