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El despojo


El despojo

Por Mara Muñoz

Según la mitología del génesis, Dios, un ser omnipotente, despojó a Adán y Eva del paraíso llamado Edén.

Dejando de lado los textos bíblicos, pero no sus construcciones metafóricas, en nuestro mundo existen paraísos terrenales que bien nos podrían significar el Edén, sin embargo al igual que la historia protagonizada por Adán y Eva, también en ésta sólo los omnipotentes tienen la facultad de expulsar lenta y sostenidamente a sus habitantes. El Dios bíblico adquirió su poder a través de la creación; el Dios de nuestro tiempo a través del poder del dinero.

El Edén mexicano sin duda podría ser explicado a través de los paisajes de la Riviera Maya, la alquimia que mezcla la memoria maya, aguas azules de diferentes tonalidades, arena blanca, vegetación exuberante, ríos, manantiales y cenotes que en conjunto no hacen más que simbolizar la vida, son el tesoro de las formas alternativas del turismo, hoy llamada ecológico, vender la convivencia con el paraíso del que fuimos expulsados y expulsadas, vender a quienes puedan pagar para disfrutar de nuestro México, lamentablemente, la experiencia permite apreciar que esto no está pensado para quienes portamos un INE.

Las playas más hermosas, donde se puede percibir las mayores manifestaciones de la perfección de la naturaleza, están en constante amenaza por la privatización o ya fueron vendidas a hoteles extranjeros. Las personas mexicanas, las descendientes de mayas, son participes de un despojo “pacífico” evitando contemplar lo maravilloso del país por no contar con la devoción suficiente para entregar ofrendas a Hedon.

El gobierno ha jugado muy bien su papel corporativo evitando la incorporación de cualquier privado que pueda perjudicar sus intereses económicos y políticos. Con el aval del sistema político en su tradicional forma de ejercer, la CNOP tiene el control de los medios de trasporte públicos, su filosofía de trabajo es sencilla: explotar lo más que se pueda a los usuarios, sin importar que sean mexicanos y sus ingresos laborales no den para más.

Así, bellas fincas que ayer fueron construidas por los criminales del polvo blanco, como Pablo Escobar, hoy se regentean a criminales de cuello blanco que hacen sus fortunas de la explotación de los y las nacionales. A penas dos años de mi primera estancia en Tulum, el paraíso se ha convertido en un terreno de despojo para los mexicanos y mexicanas que apreciamos las bellezas naturales de nuestro México. Este Edén tampoco lo es para las personas locales que ven la enorme derrama económica que el turismo representa para el gobierno local y federal, en medio de carencias de servicios básico como salud y educación, los cuales están, en su mayoría, en manos privadas. Sobra decir que el despojo es redondo.

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