Zacatecas y sus noticias reales

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Aunque no queramos verlo


Aunque no queramos verlo

Por Mara Muñoz

En la última semana han sido ejecutadas entre 17 y 19 personas, incluido un niño de 5 años. La muerte nos ronda, nos acaricia helando nuestras fibras. Hoy toca al hijo de un viejo conocido, fiel sonrisa: Ricardo Reyes. Para ti, Ricardo, no tengo palabras, temo parecer liviana o perturbar tu ánimo con cualquier muestra de rabia, de esa que no puedo sentir porque no estoy en tus zapatos.

Veo tu pena de cerca, porque tú eres parte de la foto de mi Zacatecas, ese en el que a pesar de los atavismos, crecí sin esta violencia artera. Sí, artera, porque nadie quiere ir a sus causas.  Quizá por el temor a reconocer que quienes la combaten son los mismos que jalan el gatillo del desastre con su indiferencia, corrupción, simulación, en suma con su cinismo.

Hoy el dolor de Ricardo Reyes se hace uno con el de miles de madres y padres que ven a sus hijos morir en manos de quien muy probablemente nunca tendrá rostro ante la justicia. O que simplemente los sienten desaparecer, en la zozobra de si viven o mueren.

Un país de personas desaparecidas, un Estado de hijas e hijos borrados de los brazos de sus seres queridos por el pincel de aquellos que se dicen justos cobrando como mercenarios. Si tuviéramos un poco de vergüenza, de empatía por el dolor ajeno, nadie nunca nos atreveríamos a ser parte de la elite gobernante en un Estado sin figura como este.

Todas y todos juran tener las soluciones precisas en campaña, para luego llenar vacíos con el relato de milagros que, en la narrativa imperante del bien y el mal, les son exclusivos a quienes ostentan el poder en un infierno que se ha vuelto, paradójicamente, el único lugar público que nos reúne. Aunque no queramos verlo.

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