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Linchamiento, espectáculo en México


Linchamiento, espectáculo en México

Por Mara Muñoz

Un espectáculo público, eso fue el linchamiento de Alexéi Makeev, ciudadano ruso que fue atacado en su domicilio por una turba enardecida debido a sus manifestaciones racistas en contra de personas mexicanas. El saldo: un joven de 20 años muerto a manos del ruso y coma inducido para Makeev. Este caso es turbio desde cualquier ángulo y viola todos los principios de la construcción de un estado de derecho que dé certeza a quienes habitamos este vapuleado país. Makeev, presuntamente tenía una enfermedad mental, era investigado por autoridades rusas tras agresiones en su país en contra de ancianos y personas discapacitadas, había sido objeto de varias quejas ante la autoridad municipal de Benito Juárez (Cancún), Quintana Roo por discriminar y agredir a mexicanos y mexicanas, incluso tenía su propio canal de YouTube donde publicitaba sus manifestaciones de odio, además, desde enero de 2017 su residencia en México había sido revocada; ante la evidencia, ninguna autoridad mexicana hizo nada. Ni el Instituto Nacional de Migración, ni la autoridad municipal, ni la fiscalía de Quintana Roo.

Peor aún, la residencia que se le otorgó en el país en 2014 fue por razones humanitarias que ninguna autoridad sabe explicar. En México la visa por estas razones se entrega en casos muy concretos: cuando se es víctima de una catástrofe natural o violencia en el lugar de origen, cuando la integridad se encuentre en peligro, cuando se ingresa al país para realizar acciones de auxilio o atender a un familiar en estado grave de salud. Ninguna de estas parece corresponder al ciudadano ruso, hoy imputado por el asesinato de un joven mexicano. Más aún, cuando se le entregó la residencia, las autoridades mexicanas parecen no haber verificado las investigaciones en su contra en Rusia. Cabe el análisis si se piensa en el drama de violencia que viven miles de centroamericanos en sus países y piden la residencia por razones humanitarias y esta es denegada por el estado mexicano ¿Qué pasó en el caso de Alexéi Makeev? Dadas las circunstancias imperantes, no es delirio pensar en actos de corrupción.

Las enfermedades mentales en México tiene a su alrededor una serie de prejuicios que incapacitan en el imaginario público a las personas que las padecen, cuando en realidad, con un tratamiento adecuado, no es así. No obstante, esta ignorancia se basa en los pocos medios de atención para quienes sufren estos padecimientos y en la falta de información al respecto. En el caso de Makeev, sería discriminatorio pedir que se hubiera denegado la residencia por razones atribuidas a su salud mental, pero lo que sí es responsabilidad y facultad del Estado mexicano, es asegurarse que quien pide vivir en México esté bajo tratamiento adecuado para no poner en riesgo su vida ni la de quienes lo rodean. Evidentemente nada de esto se hizo. Y esta persona que ya había causado problemas en su país natal, vino al nuestro a continuar con manifestaciones públicas de odio, ingenuo, sin conocer la triste tradición de pueblo mexicano de hacer justicia por su propia mano, ante la negligencia y posible corrupción de las autoridades.

Lo que nos deja este caso no sólo es claridad de la incompetencia de la autoridad, sino el sabor amargo de que las personas mexicanas que decidieron participar de este linchamiento se convocaron a través de medios semipúblicos como son las redes sociales e hicieron del conocimiento de la sociedad estos hechos barbáricos mediante estas mismas redes; así se dejó en claro que no solo CNN puede transmitir la muerte en vivo. Las turbas enardecidas tienen el poder de deshacer en un momento las certezas que una sociedad ha construido por siglos, así sucedió en Cancún, un caso más para la tradición mexicana de tomar la justicia en mano propia, hecho irrisoriamente anticonstitucional. Quizá y sólo quizá, los agresores de Makeev y él mismo sean castigados para dar una lección al pueblo, pero ¿cuál es el castigo para el sistema que pone la mesa para el atracón de carne fresca?

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