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De la educación…


De la educación…

Por Arturo Aguilar

Día del maestro. Dicha fecha me trajo el recuerdo, nada vago, que se creó hace casi medio año cuando conversaba con la persona que me inculcó (¿acaso impuso?) el amor por las letras y que resulta ser mi más grande maestro, mentor y guía, no sólo porque es un excelente maestro normalista rural sino por ser un torrente de conocimientos con quien pongo cada vez que tengo oportunidad a prueba mis propios conocimientos y entablo férreas luchas que no duran mucho para convertirse en derrotas, derrotas de las que aprendo sobremanera. Platicábamos sobre la Reforma Educativa (RE), más aún, dialogábamos sobre la nueva generación de maestros que el estado está dando, contemporáneos míos algunos. Le expresé lo que siempre he expresado respecto a qué pienso sobre este nuevo tipo de maestros preocupados más por sí mismos que por el trabajo colectivo que resulta ser el más importante de todas las labores y debe ser tratado como tal. Le comenté sobre uno de mis tantos conocidos que sin la más mínima vocación para la docencia la ejerce risiblemente con base. Le aterricé en caso de un conocido mío graduado de Psicología (con promedio ni siquiera con tesis o ya mínimo tesina), tecnócrata, sin amor por las letras, que da clase a nivel medio teniendo en su haber historia y español, cuenta con más pero le cité esas por ser más de nuestro campo, le dije que él me había dicho que el trabajo de profesor estaba fácil.

Él sobria y algo sombríamente bajó la mirada taciturno y cabizbajo, tragó saliva y pesimistamente dijo: «¿Y a poco piensas que me sorprende? Si a ese tipo de güeyes les vale madre todo.» volvió a guardar silencio y a repetir el mismo ritual fatalista para luego borrar ese halo repentinamente con una sonrisa y hablar: «Mira, para un profe mediocre y valemadrista claro que va a ser un jale fácil pero para un profe de verdad va a ser el trabajo más difícil de todos porque uno lo que quiere, sin importar dinero ni nada de eso, es que hasta el último alumno aprenda.» Bajo ese razonamiento me fue imposible comentar más. Fue como si por fracción de segundo una llamarada de esperanza y alegría me alumbrara el corazón y me hiciera aún vislumbrar maestros con ese tipo de convicciones. Esas palabras dejaron en mi piel un tatuaje que entró por mis poros hasta que se incrustó como una varilla en mi corazón y que impregnó mi ideario que iba ya encaminado a pensar de esa manera. Nunca he negado que el sistema educativo mexicano (desde mi propia óptica, claro) me parece malo y no veo acciones serias y pensadas para corregir vicios que tiene. He asimismo expresado la repulsión que me causa que las personas no tengan más motivación en la vida que el dinero (a mi muy particular punto de vista) y he condenado seriamente la infiltración de éste en cada parte de la vida del hombre de nuestro tiempo porque lejos de considerarlo un avance lo considero un retroceso. Ítalo Calvino sentenció que la ignorancia es el mayor negocio del capitalismo. No puedo estar más de acuerdo.

Para mí la educación debe jugar el papel de contrapeso al poder porque es ésta la que debe abrirnos los ojos a la realidad y sacarnos del letargo en el que nos hemos sumido y que ha permitido el estado actual del país. Es para crear ciudadanos conscientes, críticos, empáticos, de pensamiento colectivo preocupados por el bien común y no sólo por el propio o el de unos cuantos. Esto no es una idea original, ni siquiera propia, es una idea que saldría de la mente de cualquier persona con una pizca de cultura y que la historia misma y los hechos prueban. ¿Por qué otro motivo se está atacando a las escuelas que fomentan pensamientos distintos al dominante simbolizados en 43 normalistas desaparecidos?

Partiendo de la idea de que para formar buenos ciudadanos es necesaria su formación por parte de buenos maestros cabe preguntar, ¿y si la educación descansa en malos maestros? Superficial y primeramente la respuesta será que se formarán malos ciudadanos. Por esto el recelo con que los estudiosos ven la RE. Yo parto de la idea, que más bien es la observación de una incoherencia en esa reforma, de que es un tontismo dar trabajo docente a profesionistas que no son docentes (es quizá tenue y débil mi suposición pero no está desprovista de cierta verdad).

Uno de los argumentos proreforma educativa es que con ésta se acabaría una práctica mafiosa que se daba (¿da?) en los planteles, consistente llanamente en heredarse bases docentes de padres a hijos a hijos, a veces amigos, primos, sobrinos, esposas, esposas, amantes, etc, etc,. etc., o venderlas. Respecto a esto no podría estar más de acuerdo porque he visto esa práctica personalmente y es aborrecible ya que envicia el sistema educativo, que ya de por sí es malo. En varios, varios, varios centros educativos de mi municipio, Ojocaliente, se pueden apreciar a los hijos de personal que trabajó en dicha institución, así, dando clase, como si las bases tuvieran dueño, como si fueran propiedad de ese caciquismo educativo metacharro. Y lo peor es que, mínimamente aquí, son los que fueron alumnos que distan muchísimo de ser sobresalientes.

El meollo de la RE es la aniquilación del pensamiento crítico. Nada más nada menos. Así se quitaría el último obstáculo para la imposición total del sistema dominante. De acuerdo a la lógica de Nuño, el PRI, el neoliberalismo y compañía el saber humanista y todo saber que le sea afín es ya obsoleto, no sirve. ¿Será realmente eso o que ese tipo de pensamiento es el único que ha criticado y se ha opuesto a las políticas nefastas del neoliberalismo? ¿Será eso o que el pensamiento crítico estorba porque no reduce todo el conocimiento abstracto y aplicado a aquella creencia capitalista de que sólo crear cosas y crear dinero es conocimiento? Estas ideas fácilmente pueden caer con el simple hecho de que Peña (un ignorante Carlos Fuentes dixit) y compañía fueron formados bajo estas ideas y están pesimamente gobernando. La reforma tiene eso por meta, el adelgazamiento del obeso sistema educativo es un plus. Desde mucho antes de Elba Esther Gordillo Morales se ha buscado acabar con todo tipo de pensamiento ajeno al pensamiento orgánico que promueven los intelectuales orgánicos. Tengo hermanas que cursan una secundaria, que por cierto se autoproclama la mejor de todo el municipio, donde una de ellas no tuvo profesor de matemáticas ¡un año completo!, donde dan también hijos, no titulares de materia, de antiguos maestros, donde la apatía de la dirección y su ineficacia son asombrosos, con profesores que se ensañan con alumnos, donde hay más de estas bellísimas formas de educar pero que de citar no alcanzaría en esta columna. Con ayudas para la educación como la que da esta secundaria no es difícil adivinar qué futuro nos espera.

A todos estos problemas sumémosle el triste resultado de prueba PISA pasada o el deprimente nivel de lecturas al año y la violencia que está entrando por todos lados que ya alcanzó a la educación con una serie de muertes allá en Sinaloa y otros estados que se han estado dando de maestros sin contar con el referente Nochixtlán. La violencia ya fue capaz de arremeter contra la educación, ¿en dónde más podría no infiltrarse ya? Para rendir un verdadero homenaje a los verdaderos maestros y profesores comprometidos, serios y cultos lo que debemos hacer es defenderla. Hoy que se ve seriamente amenazada por la violencia y por las embestidas salvajes del poder financiero es menester protegerla, no sólo porque es el bien más preciado de todos sino porque un país ignorante avecina un futuro peor que lo que ya estamos viviendo.

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