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Insultos personalizados contra Geovanna Bañuelos, la violencia que toleramos 


Insultos personalizados contra Geovanna Bañuelos, la violencia que toleramos 

Por Norma Galarza Flores

Suelo escribir motivada por la ironía y el sarcasmo pero esto que les voy a relatar no tiene nada de gracia. Debido a que uno de mis contactos compartió una nota de una página apócrifa sobre el error ortográfico del que se responsabilizó a Geovanna Bañuelos y  que se había impreso en la moneda conmemorativa del centenario de la Constitución, empezó una guerra de descalificaciones personales contra la Diputada, esa situación no sólo me pareció de pésimo gusto sino que descarnó la violencia que ejercemos a diario y  la que,  cuando termina con un cadáver nos escandalizamos cínicamente.   El hecho de que esa nota usara una de las formas de violencia tolerada y hasta aplaudida, evidencia la sociedad que somos.

¿Lo más vergonzante?. Que ese tipo de ataques se esconden bajo el anonimato y Geovanna no es la única víctima. En la red, circulan cientos de páginas cuyo responsable se esconde atrás de un monitor. La mayoría de dichas publicaciones, existen patrocinadas desde grupos políticos de choque.  Algunas páginas son pagadas desde la oficialidad para desacreditar a la izquierda pero también las hay para desacreditar a la oficialidad, es decir, al juego perverso de denigrar personas todos le entran.  Soy aprendiz en el medio periodístico, pero  siempre lo he dicho y lo sostengo:  las guerras mediática que caen en los terrenos subterráneos de la descalificación por motivos personales, no deben ser toleradas, por la sociedad.

A los funcionarios públicos es válido y  muy necesario que se les exhiba por los recursos que salen de nuestros bolsillos y que desvían.  Meterse en la vida íntima de las personas es de gente muy vulgar. Por cierto, dado que abundan esos medios ” informativos”  anónimos, lo decente que debemos hacer es ponerles un hasta aquí, no replicando las sandeces que publican.  La otra opción es seguir disfrazado de crítica esas formas de violencia que  paradójicamente, son el génesis de que nuestro amado país sea un río de sangre. Creo que los insultos que se suelen mediatizar contra las mujeres sin importar su posición política contribuyen a  normalizar  la violencia de género.  El asesinato en la UNAM  de una joven que resultó merecedora de ese destino de a cuerdo a la balanza de la PGR, respaldada por la generación de la  “opinocracia”;  desvelan que el cambio que exigimos que hagan otros, debe empezar por un vuelco en nuestra mentalidad. En el aspecto de la violencia contra las mujeres ejercida en redes sería incorrecto e injusto decir que son los hombres los únicos responsables.  En  la fiesta de decir zorras, putas y todo lo que se ocurra,  las mujeres suelen tener una participación muy activa y hasta más virulenta.

Ante una generación presa de la costumbre de opinar de todo sin saber de nada, dado que el espacio es accesible, urge tomar medidas desde la sociedad. Es evidente  que arrastramos – y nos aferramos-  a una cultura rascuache de emprender batallas en defensa de lo que de acuerdo a nuestros conceptos íntimos, está bien o está mal. En ese aspecto, cada quien tenemos que ceder un poco y poner de moda a la tolerancia.   No olvidemos  que es en esa pasivo-agresividad, donde surge la descomposición que vivimos y que nos está matando.

Cuando asesinaron a la chica de la UNAM proliferaron  los comentarios de que era una adicta, y en nuestra torcida moralidad – la que escondemos- eso se tornó como un “se lo merecía” no era buena chica, Pero si basamos en ese criterio al que  estamos expuestos, el día que -Dios no lo permita-  nos toque una bala perdida por ir caminando en la calle que no le asombre que los que la libren justifiquen  nuestra muerte culpándonos con el criterio simple de que merecíamos ese final porque “se atravesó”.

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