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Feminicidios, crímenes públicos


Feminicidios, crímenes públicos

Por Mara Muñoz

Son las dos de la madrugada y como cualquier persona bailo y disfruto en colectivo. Salgo después de esto, acariciada por la noche, y me encuentro con un grupo de personas que amenazan mi integridad, me resisto, me vencen, son mayoría. Atosigada por los golpes, encuentro la muerte por traumatismo encefálico. ¿Qué dirá la sociedad? ¿Qué hice yo para merecer la muerte brutal? Muchos dirán que encontré mi destino por andar sola a deshoras. ¿Quién te manda a ser mujer en tierra de hombres, donde no hay lugar para ti, donde nunca lo hubo? Mi suerte, la que me esperó para morir, es la misma que la de millones de mujeres en México, aunque no igual. La mayoría de los feminicidios en este país, en Zacatecas, ocurre en manos de personas conocidas para la víctima.

Sí, en su mayoría hombres de la familia. Seres que no esperaron la oscuridad de la noche para arrebatar el último aliento, lo hacen a la luz del día, en el abrazo del fuego que roba el respiro a una mujer con ocho meses de gestación, que arrebata la vida a una joven de 17 años apabullada por el puñal salvaje de quien dobla su edad y dice ser su pareja, que deja sin respiro el cuerpo de una anciana de 70 años, tras más de 50 años de servicio incondicional a su esposo, su dueño. Sí, hombres conocidos que se sienten propietarios de lo más esencial, la vida de una mujer, que la sociedad ve irse en manos feminicidas, ya casi sin inmutarse. Pocas son las personas que extrañan la presencia de estas mujeres, muchas son las que justifican el “castigo” atroz.

El feminicidio irrumpe en lo público porque en el cuerpo de las mujeres se marca un mensaje: es mío y sobre él tengo dominio pleno, se ejerce una violencia simbólica desafiando todo el constructo de derechos humanos, fundamento de las sociedades modernas. Mucho tiempo se creyó que lo que sucedía en privado no era competencia del Estado. La subordinación femenina era de hecho y de derecho. Ahí surge la lucha feminista, en eso radica un punto nodal para el movimiento: lo privado es público. Recuperar los acontecimientos violentos que suceden en la intimidad del hogar para reivindicarlos como una omisión pública, al faltar educación que deconstruya la apropiación del cuerpo, de la integridad, de la vida de las otras, vistas siempre como algo extraño, algo diferente, desconocido y peligroso: las mujeres.

En México, 7 mujeres mueren asesinadas cada día, solo el 25% de los casos es investigado como feminicidio, dice el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio. Revisando la revista “El Machete” publicada entre 1980 y 1981, encontramos testimonios terribles de la autoridad ministerial ante la violación y muerte de mujeres en México, todas las atrocidades están justificadas. Siempre hay culpa en la víctima. La noche, la falda, la libertad de transitar sola, algo, algo tiene que ser cuestionado. La tendencia a investigar a la víctima, a encontrar escenas de su pasado que la hagan merecedora del fin más ruin, parece haber sido objetivo de la autoridad penal ayer y hoy.

En Zacatecas cifras oficiales reportan que de 2013 a la fecha existen más de 30 carpetas de investigación en la unidad especializada del ministerio público para investigar el delito de feminicidio. Ante las cifras, hay voces que argumentan que  el número no es tan preocupante como en otros Estados. En lo personal he escuchado voces oficiales decir que en el Estado de México las muertas en manos feminicidas se cuentan en centenares, en Zacatecas apenas son decenas. No obstante el dicho insensible, es fundamental que partamos de una cuestión básica: la gravedad del feminicidio no tiene que ver con números, sino con lo simbólico del hecho, con la violencia con que se perpetra en estos crímenes que son considerados de odio por la carga cultural, no en vano son delitos por razones de género que reflejan un rechazo a lo femenino, un desprecio a las mujeres.

En el Estado de Ramón López Velarde y sus “amorosos” versos a lo femenino, nos encontramos en un proceso de Alerta de Violencia de Género, la cual es un instrumento que la sociedad civil puede usar para pedir ante las autoridades que implementen medidas urgentes para prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia feminicida en un territorio determinado. Pues sucede que a más de dos meses de esperar las dichosas recomendaciones que la autoridad federal debe hacer al Estado de Zacatecas, luego de lo que supone haber sido una exhaustiva investigación de las condiciones de violencia contra las mujeres, las recomendaciones no llegan. Las autoridades estatales esperan cómodamente en primera fila, viendo como siguen matando a las mujeres, a que la autoridad federal les diga que acciones tomar para evitar esta barbarie. Claro está que la muerte de las mujeres no entra dentro del escenario de urgencia que esta administración reconoce en la seguridad pública, la muestra está en que las políticas de atención a la violencia de género, como el Centro de Justicia para las Mujeres, están siendo desmanteladas con el despido o cambio de adscripción de las y los funcionarios que cuentan ya con formación y experiencia en atención a víctimas. Al final, quizá piensen desde la procuraduría e instituciones responsables: qué tanto es tantito, en Zacatecas las muertas apenas se cuentan en dos cifras.

 

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