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Ojocaliente como expresión del arremetimiento


Ojocaliente como expresión del arremetimiento

Por Arturo Aguilar

En comparación con sus contrincantes, con los punteros de las elecciones, la gente votó por el actual mandatario ojocalentense no porque lo consideraba la mejor propuesta (obviando las prácticas habituales priistas de dádivas que resultan vox populi) o que traía el mejor plan o que tenía trayectoria intachable. Ciertamente se votó por él porque era lo “mejorcito de lo peorcito”, porque se prefirió tropezar con una roca que caer de un desfiladero.

Particularmente estoy en la idea, arbitraria quizá, de que nada venido del Partido Revolucionario Institucional tiene el bien común como meta. Enrique Peña Nieto hizo gala cuando hacía campaña de representar lo mejor del PRI, o mejor dicho del nuevo PRI, presumía que se harían las cosas diferentes y de la mano de la gente vendida, ciega e ignorante llegó al poder para corroborar cómo el nuevo PRI es el del pasado y será el de siempre. Enrique Peña Nieto y el equipazo que traía atrás (un priista ojocalentense dixit) probaron su aversión al país siguiendo la misma línea de arremetimientos contra las finanzas públicas y el bienestar popular que había trazado el PRI, que decían había quedado atrás, y el montón de gobernadores que lo empoderaron y siguen sin pagar el daño hecho.

Ése es el PRI de Peña Nieto, el de Miguel Alonso, el de Alejandro Tello y también el del mandatario ojocalentense. Peña Nieto se ha dedicado a arremeter contra todo el país, no hay sector que se le haya escapado, incluso con el empresarial ha tenido roces, Miguel Alonso se dedicó a arremeter contra el erario y la seguridad, ya tambaleante de su estado y Tello continúa arremetiendo contra el frágil tejido social arisco y asustado que reza de rodillas ya dejar atrás el sonido de las balas secas que tiene tatuado en los oídos. En Ojocaliente también ha habido arremetimientos, ataques, desplantes, también ha dejado huella el PRI, también ha probado ser la misma porquería de antaño, la misma basura que no tiene ni la más mínima intención de cambiar.

Con el paso de los daños y los agravios, con el avance del despotismo y la sordera, con la promulgación del egoísmo priista la gente se ha formado en su mente una imagen donde el PRI es lo que cualquier persona sensata opinaría sobre él, lo que todos los días corrobora ser. Al entrar a Ojocaliente lo primero que se aprecia es una carretera en pésimo estado, donde las zangas y los agujeros se han convertido en líneas completas y profundas que llegan hasta casi la mitad del tramo, una carretera por años enteros olvidada y masticada por el constante movimiento automotriz. El primer gran “logro” del hombre que lleva las riendas –es decir, y digo decir porque donde se da la verdadera política: en las calles, se arguye que no fue su gestión– fue echar una capa de chapopote en esa carretera que no resulta ni siquiera aminorar la mitad del deterioro, más aún ¿qué trabajo serio puede ser ése sin un método de fondo?

La misma receta de maltrato infraestructural se reparte en casi todas las colonia, en el centro mismo, en el bulevar, en la carretera a la salida a Aguascalientes y en casi todas las calles del municipio, excepto en una que otra calle donde vive alguno de esos hombres que ha forjado, sin la más mínima pizca de vergüenza y decencia, su patrimonio a costillas del erario. ¿Y eso para cuándo? ¿Esperará quizá a que se dé una reelección como presume su círculo más cercano? La mayoría de las calles de Ojocaliente son un puñado de caminos destrozados y polvorientos que ni alumbrado público tienen, donde las piedras sobresalen y donde pareciera que la Edad Media sigue presente. Más aún, muchas colonias aledañas no tienen ni siquiera algo que se le pudiera parecer a una banqueta. ¿No es acaso eso terrible? Claro que lo es, por ello mismo se me llena de tristeza el corazón y en mi cara se pintan surcos de lágrimas interrumpidos por mis mejillas cuando veo cómo la gente arremete contra los comerciantes que buscan sustento. Me indigna que para ellos sea más importante “dar una buena presentación” a las calles, a calles que no tienen pavimento, a calles destrozadas, a calles que todo son menos calles. La pésima infraestructura es apenas uno de tantos íconos que nos señalan lo mal que está siendo gobernado el municipio de donde soy oriundo.

Otro de los que considero los más grandes problemas de Ojocaliente es la exorbitante marginación. La cabecera municipal evidencia un crecimiento, sí, pero no uno como debiera, a mi pobre juzgar, no puedo considerar crecimiento el hecho de que las colonias limítrofes vivan en casas mediocremente construidas, con falta de agua potable, con puertas hechas de mayas, hule o tela.

No basta con que sólo en feísbuc mencionemos que los programas sociales y que los bienes públicos se los quedan personas afines al priismo, vividores públicos, dicho hasta el hartazgo en feísbuc, que no por eso no es cierto, o la incompetencia en gobierno municipal corroborado en el estado paupérrimo en que está nuestro pueblo, que cultura está muerta: hasta en la cultura siempre son los mismos mientras que hartos talentos están en la calle cantando por unas monedas o apagando sus talentos por no hallar incentivos, no se abren espacios para innovar y dar frescura, prueba de ellos es el último festival “cultural” donde las mismas figuras de antaño siguen siendo las mismas figuras de hoy. No basta sólo con que todo eso sólo lo digamos en feísbuc.

Pareciera que con los constantes, reiterados y colosales arremetimientos contra la sociedad, contra las grandes mayorías se nos olvida lo más básico para medir el trabajo del mandamás en turno. Y sin embargo, en Ojocaliente, el arremetimiento más duro y la embestida más brutal que se nos ha dado es apagar nuestras voces (y la falta de opositores reales del oficialismo): ¿quién dice algo? ¿Dónde está la regidor (a) de morena? ¿Los regidores de “oposición” se conforman con un auto? ¿Por qué no acabamos de tajo a las personas que tienen a nuestro municipio así? ¿Por qué estamos más metidos en nuestros egoístas proyectos y no contemplamos organizarnos? ¿Por qué las casi nulas manifestaciones que se han dado son sólo de kitsch y/o de moda? ¿Por qué no hay periodismo serio y de investigación más que el que sólo saca notas a modo del poder en turno? ¡Dónde está morena!

Todavía imagino un país gobernado por los capaces, dirigido por los honestos, con gobernados despiertos; imagino un país seguro y en paz; imagino un país sin hambre y sin miseria, en suma, imagino un país sin el PRI. Sería bueno, para empezar, que desde los municipios, además de quejarnos sólo en feísbuc, nos supiéramos organizar y poner un alto a los constantes arremetimientos dados contra nuestra naturaleza, contra nuestro dinero, contra nuestro bienestar, contra nosotros mismos porque sólo así podemos dar fin a la era de los maltratos y arremetimientos. Es hora de que acabemos al PRI.

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